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“To stop the flow of music would be like the stopping of time itself, incredible and inconceivable.”

"Detener el flujo de la música sería como detener el tiempo mismo, increíble e inconcebible".

Aaron Copland

MIKE PORCEL: SUS GENUINAS TONADAS Y VERSOS 

Por WALDO GONZÁLEZ LÓPEZ 

Me niego a ser rebaño porque el andar en fila 

y esperar de rodillas me hace daño. 

(«Abril 13») 

Una fecha imborrable para mí es el primero de julio del 2011, porque ese día arribamos, mi incambiable Mayra del Carmen Hernández y yo, al exilio —donde, por fortuna, residimos desde entonces—, tras sufrir en nuestra aherrojada patria continuos ataques del régimen a mi persona, prohibirme publicar en revistas y editoriales de la Isla y, finalmente, ser «jubilado» a la fuerza del mensuario donde desde no pocos años laboraba. 

Por ello, asimismo, desde antes de llegar a Miami, habíamos decidido no regresar mientras el maldito castrismo continuara vejando y destruyendo nuestro país, tal juré ante Mayra del Carmen y mis familiares en el aeropuerto de Miami. 

Pero 2011 es, además, para mí imperecedero, porque cuatro meses después, en noviembre, se publicaría, por las cuidadas ediciones Los Libros de las Cuatro Estaciones, el hermoso volumen Tonadas y versos, del relevante trovador y poeta Mike Porcel, si bien yo solo pude adquirirlo en 2014, durante el concurrido Festival Vista de Literatura y Arte del Exilio de ese año (realizado a cuatro manos por la también incambiable pareja integrada por Armando Añel e Idabell Rosales), cuando al fin pude conocer in situ al admirado autor de clásicas canciones trovadorescas para todas las épocas, como es la poiesis o creación según los griegos, por lo que prefiero así denominar la Poesía en mayúscula de Mike, que tal es la de el valioso compositor y poeta, o al revés, ya que en su inventario coexisten, con idéntica calidad, ambos géneros. 

Durante mucho tiempo en la Isla solo oía hablar de él a hurtadillas, pues el oprobioso régimen le prohibiría presentarse en conciertos. Así, lapidarían su música y a él mismo; estaría invisibilizado durante casi una década, con el pretexto, según se comentaba sotto voce, que su esposa laboraba en el ya desaparecido (por fin ya hace mucho) bluff del CAME, y, por ello, el desgobierno le impedía salir del país. 

Mas, esa noche tuvimos aun otra alegría: pudimos adquirir su mencionado poemario-cancionero y recibir de sus manos el mejor regalo: el CD Intactus, joya de la discografía de la música cubana de las dos orillas por su alta calidad, ambos dedicados por Mike. 

En la rigurosa «Introducción» de Tonadas y versos, el crítico teatral y periodista cultural Carlos Espinosa Domínguez realiza un atinado bojeo por la poética de Mike, señalando las cualidades de sus textos, entre estas, el empleo de recursos imprescindibles a la hora de escribir no solo buena, sino la mejor poesía. 

De tal suerte, prima facie, el prologuista apunta la utilización de enumeraciones y repeticiones (que fijan y enriquecen el significado), como elementos necesarios de la mejor poesía: asíndeton, anáfora, apóstrofe, símil, metáfora y símbolo, tal subraya el colega. 

También destaca el cuidado en el lenguaje, mérito que se corrobora al leer (y disfrutar) sus textos incluidos en el icónico poemario-cancionero, editado por el propio Carlos Espinosa y con diseño de cubierta del brillante diseñador y pintor Umberto Peña, referente de la plástica cubana contemporánea.        

En su «Introducción», Carlos subraya la preferencia de Mike por los mejores poetas de la lengua, como Antonio Machado, praxis decisiva del trovador, quien hondo lector de la mejor poesía desde joven, trasluce en no pocos de sus textos la aquiescencia por otros grandes, como San Juan de la Cruz, Miguel Hernández y el francés Louis Aragon, cuyas huellas se advierten en varios de sus poemas-canciones. 

No es gratuito apuntar que once textos incluidos en Tonadas y versos también aparecen como canciones en el CD Intactus: «Amigos», «Ana María», «Un día, que quedará en mi diario», «Diario»,  «Esa mujer que llega…», «Este amor», «Hijos», «Intactus», «Mis momentos felices», «Que no existías» y «Retorno y fuga». 

Otro influjo detectado por el crítico, aunque Espinosa no lo menciona, es «Cómo olvidar tu rastro» que participa de la indeleble presencia de uno de los más bellos poemas de amor escritos desde la Antigüedad: El cantar de los cantares, de Salomón (que, incluido en La Biblia y, como el Comentario, se disfrutan gracias a la excelente traducción del Hebreo al Castellano, realizada entre 1560 y 1561 por fray Luis de León a petición de la monja salmantina Isabel Osorio, sustraídos del recinto de fray Luis y difundidos en varias provincias españolas, incluso en América). Leamos la primera estrofa: «Cómo olvidar tu cuerpo / el último jadeo entre tus alas / tu beso que se enciende / tu pelo que me abarca / los dorados botones de tus pechos / saltando entre mis dedos / acechando el momento de escapar / cual gacelas fugitivas a mis deseos / rompiendo a plena luz / la austeridad de algún secreto.»    

La influencia del gran poeta sevillano se explicita desde el inicio del volumen en varios textos, entre estos el siguiente, suerte de homenaje: «A Don Antonio Machado» y «Adónde irá mi niño», cuyo tono sentencioso corrobora tal influjo: «[…] Adónde irá mi niño / cuando cruce esa puerta / frontera del amor y la inocencia. / Tendrá que convertirse en juez y lobo / en guardián de su hermano, en campanilla / de alguna gran campana que en su tono / pretenderá encerrar toda la vida. / ¿Perderá los misterios de las cosas sencillas / el reto de lo nuevo, el valor de una herida?» 

Y justamente la infancia será uno de los temas clave en el libro, según lo corroboran otros dedicados a su entonces pequeño hijo Charlie (quien en el compulsivo 1980, cuando Mike intentara venir al exilio, el chico fuera expulsado del conservatorio, donde estudiaba piano): «Canción simple a cualquier hijo» (y a la niñez en general); «Desde la otra orilla»; «Esos seres… del reino de la luz» (en el que alude a la infrarrealidad impuesta por el sistema represivo castrista: «Esos seres de majestad sencilla / que podrían traer la salvación / a tanta militancia colectiva / en odios, competencia y ambición / no tienen ni disfraces ni recelos. / Se entregan como son en cada acción. / Tienen a su favor canto y sonrisa. / Nos traen la verdadera religión.»). 

En «Hijos» —homónimo del escrito por el poeta libanés Khalil Gibran (1883-1931)—, Mike retorna al universal tema que cautivara al mencionado autor, uno de los mejores cultores de tal tópico, como lo corroborara en ese clásico poema, cuyas poiesis y belleza debieron haber iluminado (v.g. Arthur Rimbaud (1854-1891) la fina sensibilidad del cubano. 

Veamos el poema de Gibran: «Tus hijos no son tus hijos. / Son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma. / No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen. / Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, / Pues ellos tienen sus propios pensamientos. / Puedes hospedar sus cuerpos, pero no sus almas, / Porque ellas viven en la casa del mañana, que no puedes visitar ni siquiera en sueños / Puedes esforzarte en ser como ellos, pero no procures hacerlos semejantes a ti / porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer. / Tú eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados […]. Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea hacia la felicidad.» 

Para corroborar lo que digo sobre el influjo del hermoso poema de Khalil Gibran en el soberbio y magnífico de Mike, lo transcribo a continuación: «Vienen sin anunciarse / y sin sacar pasaje. / Pasan nueve estaciones, cual polizón. / Vienen cambiando todo /  desordenando todo / el tiempo y la monotonía del corazón. / Vienen gritando al viento. / Son pájaros perdidos / que quieren proyectarse y reconocer. / Responden a una mueca / con gestos y sonrisas / y se abren al amor sin pompa ni interés. / Les damos alimento, abrigo y techo. / Reprimimos sus ansias de irse a volar. / Queremos que se muevan a nuestro antojo / y perdemos el sueño cuando no están. / Y un día querrán irse / así, como vinieron / sin darnos cuenta apenas, cual polizón. / Quizás algún reproche / se asome entre sus ojos / y con seguridad tendrán razón.» De paso, añado que estos versos, de algún modo, evocan los de la antológica canción «Esos locos bajitos» de Joan Manuel Serrat, que seguramente también recibiría la misma influencia. 

Otro texto dedicado «a los que saben querer»: «¡Vuela mi niño!», es un poema-canción cuya ternura evoca los que escribiera José Martí a su Ismaelillo. Lo defino canción por sus tópicos formales: estructura, estrofas que se inician con el verbo «Vuela» y se reiteran al inicio de cada una, temas clásicos de la chanson francesa: pieza polifónica de la Baja Edad Media y el Renacimiento. Por lo demás, las chansons antiguas tenían una forma fija, como la balada, el rondó y el virelay, si bien más tarde muchos compositores emplearon la poesía popular en numerosas formas musicales. Léanla y comprueben lo que arriba digo: «¡Vuela, mi niño!, vuela / vuela a encontrar el sol / raudo como las nubes / frágil como el amor! // ¡Vuela desde mi mano / desde mi aliento vuela / hacia el confín más lejano / donde una voz te espera! // ¡Vuela y confúndete con el viento! / ¡Llévame a los montes y al mar! / ¡Vuela y redúceme tu vuelo / dejándome en tu portal! // ¡Vuela como en el suspiro de tus años / buscándote abrigo y pan! / ¡Vuela, mi niño, no despiertes / nunca dejes de volar! // ¡Vuela, mi niño, vuela / vuela a encontrar el sol / raudo como las nubes / frágil como el amor!» 

En torno a «Canción simple a cualquier hijo» —interpretada por la invariable Elena Burke, quien, a diferencia de la oportunista Omara Portuondo, nunca se plegó a ningún dictamen del castrismo. Su hija Malena y su nieta Lena partirían a Venezuela primero y luego vendrían a Miami, donde retomarían y ampliarían sus carreras—, presumo que Mike la escribió cuando el castrismo, en 1980, le prohibiera partir al exilio durante nueve años; pero, para que el trovador sufriera aun más, dejaría salir a su esposa e hijo Charlie a los seis: un inenarrable tiempo de sufrimientos sin poder besar y ni abrazar a ambos, sus grandes amores, tal se percibe en sus versos. Helos aquí: «Hijo / lo que guardo de ti / es un viejo retrato / donde ríes al paso / de la entrada de un año en tu ser. / Hijo / no me mires así / tengo blancos los ojos / de vivir. // Hijo / hay un libro en el cual / el valor fue cambiado / por mil distintas manos / con versiones repletas de sed. / Hijo / no sonrías así / tengo blanca la vida de morir. // Hijo / quizás no vuelva más. / Mira siempre a la vida / con el alma encendida / de ilusiones repletas de hallar. / Hijo, no te duermas así. / Dejo blanco el camino para ti.» 

Y el último y nostálgico poema dedicado «A Charlie, que sin saberlo me trajo aquella canción simple» es «Desde la otra orilla» —que, con fecha de «Agosto, 1987», expresa lo profundo del dolor por la ausencia de su único hijo y su esposa, ya en Miami, pues el castrismo solo los dejaría salir del país en 1986—: «Se han cumplido esos versos / y ya ves, estoy solo. / Nunca hubiera pensado surcar la tormenta / sin verte a mi lado. / Me hace falta tu risa silvestre / la piedad de tu frente / el calor de tu rápido abrazo. / Cuánto extraño el rigor de tus ojos / escarbando para penetrar / violadores de eternos secretos / que la vida siempre quiere ocultar. / Qué te puedo decir desde aquí / donde todo es absurdo y sombrío… / Que solo la esperanza me asiste al partir / y la fe me sostiene en el rudo bregar. / Que aun me queda sonrisa que siembro y regalo / un rigor indomable que aplasta el castigo / tu voz en lontananza / un beso que se pierde, y un grupo de fantasmas / de canciones y amigos que comparten mi pena / y el mar… / No me siento inocente o culpable / sé que al fin lo decide la muerte / ni tampoco enarbolo consejos / pues también aprendí / que la vida en su andar y el amor te harán sabio y bueno. / Pero a veces me siento / y convoco tu imagen / que me sirve de aliento para levantarme / y seguir mis azares. / Si es que voy de la mano de Dios / a encontrar mi razón / mi estatura interior / mis verdades / llegaré renovado hasta ti. / Pero mientras te vuelvo a encontrar / no te extrañe se escape un sollozo / pues desde aquí me hace bien el llorar.» 

En «Desde mi ventana» —del que transcribo algunas de las nueve estrofas que se inician con el título del poema— sugiere difíciles momentos de su etapa de insiliado contra su voluntad que debió sufrir en nuestra aún pisoteada patria: «[…] Desde mi ventana trago las blasfemias / que lanza el vecino a la luz y a las piedras. […] // Desde mi ventana proyecto mi culpa / y mi buena estrella / con mi eterna dosis de miedo y angustia. / Asisto al combate entre la cordura / y un grupo de orates. […] // Desde mi ventana me acecha el recuerdo / y la despedida         del último invierno. / Me buscan los ojos de un niño asustado / porque se apagó   la canción a su lado. // Desde mi ventana penetra la noche / con su vieja clave     de pleno derroche. / Se oyen las verdades de locos prohibidos / que van con su paso limando el camino. / Desde mi ventana… // Desde mi ventana me tomo el desquite / de la despedida. / Guardaré en mis manos el último rayo / hasta que descienda con todos los dioses / desde mi ventana.» 

Otro tema vinculado con la infancia, la adolescencia y la juventud es la enseñanza de la música, personificado en la recordada profesora de guitarra y composición Leopoldina Núñez, figura esencial en la vida de Mike y de varios trovadores, de distintas generaciones. 

De tal suerte, como prueba de su agradecimiento y en nombre de todos sus condiscípulos por su fecunda labor pedagógica, Mike le dedicaría dos magníficas piezas a la desaparecida Leopoldina. La primera: «Canción para unos amigos», recuerda, dos décadas más tarde, aquellas felices jornadas en el hogar-escuela de la querida profesora, quien los reuniría en inolvidables tardes de enseñanza, música y poesía: «Mis fieles amigos, de estos veinte años / aún guardo el sabor de aquel pan en los labios / que me abrió las puertas de vuestras edades / y me hizo culpable ante los amantes. // Yo sigo en secreto una luz interna / cada vez más clara, cada vez más cierta. / Tengo un diario encuentro con mis propios pasos… / feliz porque crezco, triste porque extraño. // ¡Cuidad de ese duende que en tantas reuniones / nos legó el secreto de las emociones! / ¡Dejadlo que salte cada vez que quiera / cambiando un acorde, armando un poema! / ¡Compartid las penas que el alma es de pluma / y el amor nos lleva a jugar la luna! / ¡Sonad las guitarras, cerrad las heridas / que nadie suspire… canta, Leopoldina…! / ¡Saludad de paso a la madrugada / que ya no me encuentra trovando en ventanas! / Que no se les pierda, que no se les vaya…[…].» 

Y en las dos últimas estrofas, alude a la temprana envidia a la que se prestaron los mediocres que sufrían ante los superiores talento y nivel de Mike, tema sobre el que regresaré. No obstante, blindado de su encomiable nobleza, al recordar las tardes de aprendizaje junto a la paradigmática profesora y sus queridos condiscípulos, unidos sin envidia por la ejemplar maestra, les dice: «Mis tiernos amigos, no habrá despedidas / porque entre barreras no crece la vida. / Siempre habrá un instante, un sitio y un verso / donde reiniciar esa canción sin tiempo. // Tal vez nuestros rumbos se han diseminado / ¿de qué sirve un rumbo si niega la mano? / Acaso la vida, de paso implacable / entre tantas flores se olvidó esperarme. / Pero si me muevo, os movéis conmigo. / Todo se renueva, nada se ha perdido.» 

El otro texto, «Pequeño homenaje a una maestra», dedicado «A Leopoldina Núñez» —nuestra recordada amiga y profesora de guitarra de mi hijo Darío Damián durante varios años—, resulta un nítido retrato de aquella distinguida y talentosa dama, no reconocida como debía por el oficialista Ministerio de Cultura. Esto lo sabemos muy bien el propio Mike, Mayra del Carmen y yo, que atesoramos y nunca olvidaremos la amistad de «Leo» —tal la llamábamos, con cariño, todos: sus alumnos mayores y menores y los padres de algunos de estos—, como la de otras figuras de la cultura. Leámoslo: «Siempre encontré en su rostro una sonrisa / para calmar mi adolescente pena. / Y mientras la canción que allí nacía / contrapunteaba al sol y a las estrellas / su cándida mirada fue el consejo / que usted arrancó al amor para mi huella. // ¡Oh maestra/ cuánto pasado va cayendo de      mis cuerdas! / ¡Cuántos recuerdos se hacen flor para que vuelva / mientras el tiempo deshilacha la belleza! // ¡Oh maestra / hoy que mi vuelo es a la altura de los pechos / veo mejor todo lo hermoso que es su trecho / cuando se cumple un año más de esa manera. // ¡Qué suerte tuve que también fui de su playa / la gaviota feliz desde la arena!» 

                                 

Tengo un credo para resistir la nostalgia y el tiempo 

      («Diario») 

Como se advierte, la bonhomía de Mike es infranqueable: no guarda rencores, según confesara en varias entrevistas, como la que le realizara Juan Manuel Cao en el programa que él conduce, El Espejo, a propósito de la prohibición, en La Habana, del ya citado documental sobre la vida y obra de Mike: Sueños al pairo, filmado en la Isla por dos nuevos talentos: José Luis Aparicio y Fernando Fraguela, quienes lo presentaron a la Muestra Joven ICAIC, pero sería vetado por el oficialista Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos. 

Y un hombre de tales talante y talento, tiene en muy alta consideración al Amor (en mayúscula), no solo al hijo, la esposa, su hermano y el abuelo (a quienes dedica textos en Tonadas y versos), sino también a numerosos amigos (atrás los lectores pudieron leer sus poemas dedicados a Leopoldina, en los que alude a las inolvidables tardes con sus condiscípulos en las clases de la igualmente inolvidable Maestra). Asimismo, no pocos de sus textos-canciones dedicados a ¿posibles? amores juveniles que, delicados, por su esbeltez y galanura, convencen como hermosos poemas, como el titulado «Admitir que te puedo olvidar», donde se comprueba lo que arriba apunto. A partir de un epígrafe del gran dramaturgo y poeta William Shakespeare —durante no poco tiempo Mike laboraría con el Grupo Teatro Estudio, donde se montaron, dirigidas por Vicente y Raquel Revuelta, entre otros directores, numerosas obras del genio de Stratford-upon-Avon—, del que, es obvio, Mike admiraba sus poemas: 

…Keep anything that can remind you would 

admit that I could forget you. 

[Guarda cualquier cosa que te recuerde que 

admitirías podría olvidarte. (Trad. WGL.)] 

William Shakespeare 

Conservarte encerrada entre objetos 

que se duermen sin darme un adiós 

o guardarte en pequeñas nostalgias 

como un simple papel 

o un verso de Aragón clavado en tu pared 

o en la vieja leyenda que has grabado en mi piel. 

Si por miedo al mañana almaceno tu olor 

si llenos mis bolsillos voy negando al amor 

si empiezo a marchitarme en duda y soledad 

sería como admitir que te puedo olvidar 

…admitir que te puedo olvidar. 

    

Cuantiosos textos los dedica al amor, el más universal de los temas poéticos y, en todos, se aprecia su adopción/adicción al mejor verso escrito en español y en inglés, tal se constata en no pocos momentos. 

De tal suerte, ya en «Alejandra» el reiterado empleo del vocablo «Todos», denota su afán por expresar el amor en su completez e intensidad: «Caminabas desnuda / de todo contacto de piel y cerebro. / Te alejabas de toda la espera / con la espalda cargada de ríos que hablan de años / de polvo, de todas las cosas / tuyas, mías, del recuerdo. // Alejandra / se hace difícil pronunciarte y despeinarte el alma.» 

Por expresar, con la belleza de la genuina pasión, el amor, «Algo me va a faltar» es un poema antológico en el libro y la cancionística de la entonces llamada y ya hoy extinta Nueva Trova. Por ello, aquí va íntegro: 

ALGO ME VA A FALTAR 

Algo me va a faltar cuando te vayas. 

No sé bien que será, mas lo presiento 

diseminándose a los cuatro vientos 

allí donde Dios duerme y empieza la añoranza 

donde entregan sus voces las campanas. 

Algo amable y tenaz, verso impaciente 

que no fecunda libros ni paisajes 

que no cumple el ritual de las nostalgias 

y se aleja, y parece que no sabe. 

Algo me va a faltar, sé que se extiende 

sin recrear ni olores ni cenizas 

para evitar se escapen con la brisa 

las miríadas de rastros y verdades. 

Y me veo circundando el abismo 

cargado de sombras, de inútiles ritos.  

Y me veo anudado a la imagen 

que formo con el paso de la tarde. 

Algo me va a faltar cuando te vayas 

un espacio tal vez, un sitio oculto 

que no tiene asideros ni rutinas 

reflejo de las horas, amante de la luna 

tormenta de cristal, verso de espuma. 

Algo me va a faltar cuando te vayas. 

Ya se anuncia. 

1987 

    

Otros textos que, por su valía, trascienden, son: «El amor no crece en terreno ideal» —fechado el 27 de junio de 1988, cuando padecería, desde 1980, el terrible insilio dentro de Cuba y la prohibición de reunirse con su esposa e hijo, a quienes solo les permitirían salir seis años más tarde: 1986—. Mike evidencia su sombría soledad en los versos finales de la penúltima estrofa: «Hoy pasamos sin remedio / a simple colección / de polvos y memorias / y a la fragilidad de lo que va escondido / y no encuentra paz. // Ya no hay conjunción posible»; «Amor que me sorprende.» 

Algunos poemas que evocan ese duro período son «Ana María»; «Anabel… en luna nueva»; «Canción de espera» —cuyas tres estrofas finales también parecen de 1980, cuando, tal escribí antes, se le prohibió durante casi una década viajar a Miami junto a su esposa e hijo: «¿Qué canción puede hacerte soñar / que no sea en la voz / que hoy no puedes oír? / ¿Qué sentido tendrá? / ¿Qué canción bastará para ti? // Cuando ríes lo haces sin pensar / y buscas razones para no llorar / mas lo haces a solas para no contagiar. // La esperanza te obliga a vivir / sin ella no vale de nada existir / y esperan los brazos dormidos sin ti. // ¿Qué sentido tendrá para ti…?»—; «Canto al amor perdido»; «Myriam»; «Para amarte» —hermoso poema e insuperable canción, concebidos con siete estrofas seguidas que se inician cada una con los dos versos que le dan título al texto—; «Porque te hallé casi a tientas»; «Recuérdame, muchacha»; «Voy a amarte sin prisas» (escrito el 21 de enero de 1988); «Y cómo pude serte infiel con la mirada» —alusivo a la obligada separación de su esposa, durante tres años, lo que expresa en los tres últimos versos: «[…] me envenena la nostalgia / con sus inútiles raíces / y una tristeza gris inunda mi garganta»—; «Y tú al otro lado del mar…», en cuya tercera y última estrofa se intuye el dolor por la lejanía de la esposa: «Me siento a la vez prisionero y suicida. / No acepto a la muerte como una condena. / Los rostros del alma se mudan de sitio / los ciclos del miedo confunden la ruta. / Caminos trillados saltan en pedazos / canciones que siembro y recojo a escondidas. / Me cambio los sueños y las vestiduras. / Lo falso y lo nuevo me dejan su herencia. / Engarzo en las horas, la desesperanza y la fe. / Y tú al otro lado del mar… ¿esperas?» 

Estoy en deuda con mis verdugos 

por transformarme el dolor en voz y el amor en culto 

(«En deuda»)               

Intrínsecos al amor, resultan, sin duda, otros temas como, en primer lugar, la prohibición de partir al exilio, de la que (sobre)viviría (no sé cómo en la Isla Cárcel) durante casi una década (nueve años), tres de ellos en absoluta soledad, pues —como ya he apuntado antes— a su esposa e hijo solo les permitirían viajar al exilio. Ello, por supuesto, marcaría a su creación durante ese tiempo de angustia, desesperanza y sufrimiento. 

En Tonadas y versos, esta etapa que padeciera la injusta prisión en su aherrojada patria, se revela en diversos poemas alusivos, como, entre otros: «A mi porvenir» («No dejan que mi canto vuele al cielo / porque en él va escrito / lo que siento y lo que llevo a flor de piel. / Y vienen con pañuelos negros ya de frustración / tapando lo que tenga un solo ápice de amor»); «A un amigo de Tijuana» —fechado en octubre de 1988: «¿Cómo hemos de entender / que en ti fracasaran / los oscuros designios del gendarme? / El más experto ladrón de alientos / que satisfecho nos privó del aire / para que nunca alcanzáramos el vuelo»—; «Amigos» (que en su última estrofa sugiere su ¿cercano? exilio: «Amigos / que lloran mi partida / y esperan mi regreso / siempre confiados de que seremos / hasta el final, ¡amigos!»); «Confesiones» (agudo poema autobiográfico y sentencioso, del 11 de septiembre de 1982, que en sus dos estrofas finales, parece responder a algunos ¿amigos?... de mala fe: «Yo confieso ante ustedes, mis hermanos / que poco o nada tengo que enseñaros / pues la verdad está en nosotros mismos / y en tender nuestras manos a otras manos. // Yo renuncio a este cargo de profeta / que alguien «de buena fe» nos ha endilgado. / Y a los que peregrinan por el mundo / y a los que la esperanza ha abandonado / les entrego mi voz y mi guitarra / para hacer la canción que aún esperamos.»). 

y la vida es eterna en un instante 

(«Ofrenda») 

En este grupo de textos lo confesional, casi autobiográfico, es decisivo, tal sucede en «Ciclo kármico», donde evoca su trabajo de ejecutante de armonio y órgano en varias iglesias capitalinas, que le ayudaría a ignorar «el mundanal ruido» sentenciado por el mítico/místico fray Luis, o, como afirma Mike en uno de sus versos: «evadir las comparsas». De tal suerte, confiesa que el hermoso sonido de ambos instrumentos y su música sugerente de tonalidades religiosas le llegaban «como una cascada», gracias a las que volvió a ser él mismo otra vez: 

En un viejo armonio de iglesia 

en mi barrio 

vetusto, empolvado 

reliquia perdida 

vestigio olvidado 

me vi reticente 

lavando mis «culpas» 

que se amontonaban como por encanto 

todas de repente. 

Y anduve a su lado 

9 veces Mayo. 

En su tono grave, gangoso y pesante 

Saturno cobraba su cuota de llantos 

y de adversidades. 

Tendiéndome un cerco 

me negó el regreso 

y me confinaba 

a entender la espera 

y a guardar los sueños 

cerrándome el ciclo 

con mis treinta años. 

Supe que el llegar no valía la pena 

que andar era el reto, lo único cierto. 

Desterré mi historia y quemé sus huellas 

sin dejar memorias, señales ni restos 

y cambié mi paso por uno más pleno. 

Desterré mi historia con paso constante. 

Aprendí a esperar y a evadir las comparsas. 

Disipé mis glorias y canté a su muerte. 

Mientras me llegaban como una cascada 

versos y tonadas desde las esferas 

y volé ligero 

como en el comienzo. 

En aquel armonio volví a ser 

yo mismo de nuevo. 

En la primera estrofa de «Ofrenda» denuncia el abuso a que fuera sometido desde antes de los años ochenta: «Hay veces en que caigo y me incorporo. / Otras tantas tropiezo con lo mismo. / Una y mil veces pierdo el optimismo / cuando me rondan las brujas y los lobos / confundo a la mitad de los aromas / y me doy de narices con el lodo.» 

En este tenor es el excelente Poema (en mayúscula) «Si nos niega un amigo», en cuyos versos de hálito más que axiomático, bíblico, hallamos más alusiones a aquellos ¿colegas o traidores?, iniciadores con Mike de la entonces aventura trovadoresca: «Si nos niega un amigo, una estrella se esconde / a llorar su vergüenza a espaldas de los hombres. / No hay huella en tu ventana, no hay risa en el camino / se empaña la mañana y sabe amargo el vino. / Si nos niega un amigo, se pudre la confianza / que pendiente de un hilo ayer se balanceaba / sobre el dolor y el llanto, entre luces y sombras / cuando nadie escuchaba el paso de las cosas. // Si nos niega un amigo, por miedo a los conjuros / de amos e inquisidores y de ejemplares puros / que por treinta monedas nos clavan a un madero / y hacen de la agonía un acto de consuelo. / Si nos niega un amigo, cuando todos se marchan / y la fe nos castiga y la ilusión no alcanza / para segar las mieses que asoman en el alma. / Qué queda para el viaje si no nos dejan nada / y nos niega un amigo.» 

«Oración planetaria» —fechado el 25 de noviembre de 1988, solo un año antes de que la tiranía le permitiera la salida del país, gracias a la previa visita realizada a la Isla por la Comisión de los Derechos Humanos, a la que sería llamado a denunciar su cruel status— es acaso la única ocasión en que resulta más visible la lógica desesperación de Mike, quien en una suerte de rezo o invocación, pide al «¡Gran Señor del Ensueño / si he pagado mi deuda / no me selles / no me olvides / no me dejes aquí!» 

Asimismo, «Por llegar hasta tu puerta» —con fecha 24 de enero de 1988— refleja su ansiedad por escapar del otro Inferno dantesco que había comenzado en los años sesenta en la Isla Cárcel, y tras el fatídico 1980, devendría aún más inhabitable y, en su caso, todavía peor, por la lejanía de su familia. Así,                 en su primera estrofa, leemos: «Por llegar hasta tu puerta / tomaré la ruta frágil del poeta / que quemó su buena suerte / en los brazos de la muerte y la condena.» 

Otra clara denuncia a los sinsabores de la vida, sobre todo, a partir de su temprana y amarga experiencia, son los sentenciosos versos de «Regreso» que     —dividido en diez estrofas, cinco de estas se inician con «Yo sé que no se van»— deviene un llamado a quienes prefieren arrastrar su cobardía y arrostrar la respuesta que da la vida; pero, a un tiempo, revela la nobleza del autor. Leámoslo: «Yo sé que no se van / yo sé que no se pierden. / Lo que anda bajo el sol / cambia de rostro y vuelve. // Yo sé que no se van / que están retando al tiempo / rondando al porvenir / pendientes del encuentro / esperando saltar / listos y agazapados. // Los juicios / los castigos / el libre pensamiento / la fe y sus fundamentos / el peso del deber / las palabras perdidas / los actos corrompidos / la sombra del amigo / el rostro del quehacer. […] // Cada cual llevará / lo que le dio su siembra / pero el viaje será / desnudos y sin prendas. / Cada cual va a encontrar / su espacio apetecido. // El místico / el profeta / el ciego / el descreído / el buscador perdido / el justo / el retador / el comerciante de almas / el cantor encumbrado / el simple / el descuidado / el noble y el traidor. […].» 

No obstante, sin dejar de aludir al canallesco «Caso Padilla» —en el verso: «los libros retirados»—, no pierde la esperanza y afirma su fe en la condición humana —tal vez evoca su temprana filia con Louis Aragon—, el amor y, por supuesto,    el reencuentro con su lejana esposa: «Yo sé que volverán / los cuerpos y las flores / el fuego del amor / las piedras, los olores. / Yo sé que llegarán / y burlarán la muerte. // Las deudas / las mentiras / los libros retirados / los ínfimos sabores / el grillo / y la razón /  el arca de la abuela / los juegos / las quimeras / las canciones de espera / Alejandra y mi voz. // Yo sé que no se van / yo sé que no se pierden. / Lo que anda bajo el sol / cambia de rostro y vuelve.» 

Acaso un credo constituye «El reto de la libertad», donde afirma su invariable declaración de principios del pensamiento libertario: «[…] No hay dudas, ni enojo, ni conformidad. / No abrigo esperanzas / tiernas añoranzas que vienen y van. / No esbozo consejos, ni mendigo el pan. / Cargo con mi pena como un penitente / y me arriesgo a dejar / sobre lo perdido la temeridad. // […] Y sin más certeza que un trozo de paz / que asoma entre instantes / verso desafiante sin ruta ni edad / no acuno en secreto penas ni pesar / no eludo distancias, ni acorto caminos. / Prefiero el andar / aceptando el reto de la libertad.» 

                           

una tenaz nostalgia 

(«Ritos de la ausencia») 

«Desde mi ventana» —cuyas nueve estrofas reproducen el título, ya en la tercera alude sentenciosamente a aquel tiempo de destierro interno: «Desde mi ventana descubro que el tiempo /  no es más que un montón de palomas al viento / que es solo el ocaso de nuestros deseos / y de andar tras algo que no tiene tiento.» Y en la quinta, desliza con ¿leve? ironía: «Desde mi ventana proyecto mi culpa / y mi buena estrella / con mi eterna dosis de miedo y angustia. / Asisto al combate entre la cordura / y un grupo de orates.» 

«Después de tanta vida» sugiere de nuevo la ya pronta despedida en 1986, cuando su esposa e hijo parten al exilio, lo que mucho conmueve a Mike, al punto de que escribe este excelente texto: 

Después de tanta vida juntos 

arañando el origen y el camino 

solo nos quedan torpes sensaciones 

que antaño fueron lumbre y maravilla. 

Un enjambre de sueños sin reposo 

que nunca se nos dieron ni a escondida 

otra vuelta al reloj y a la semilla 

el paso del quehacer al mismo tono 

recuerdos que mejor no recordamos 

la ternura glacial de las costumbres 

la promesa formal de lo heredado. 

Un hijo que retando a la esperanza 

se debate en violencia y mansedumbre. 

Palabras rudas, gestos sin sentido 

caricias sin pasión —¡si es que aparecen!— 

que siempre llegan cuando ya no hay sitio 

o cuando no hay qué hacer con lo salvado. 

Después de tanta vida juntos 

solo queda morir a lo creado 

y renacer de nuevo, si es que hay rumbo. 

Hago un aparte con el decisivo «En deuda», porque en sus dos tajantes y decisivas estrofas, tal amplio prontuario, responde con sutil ironía a la maldad recibida de sus ex colegas y supuestos amigos y en los que, además, confiesa algunas de las valiosas lecturas y autores que le ayudarían en tan intenso y extenso trance, tales: Moby Dick, de Herman Melville, Juan Gaviota, de Richard Bach, y el pensador indio Jiddu Krishnamurti, quien mucho colaboraría a la interiorización de Mike: ese hablar machadiano «con el hombre que siempre va conmigo», ese necesario diálogo con su alter ego: «Estoy en deuda con la añoranza / con la belleza, el infinito y la guitarra / con las heridas y la paciencia / restauradora de tantas cosas insospechadas / con los recursos del imprevisto / con tu ternura / con los amigos, con el Oriente, con la aventura / con cada lágrima distendida / por esconder lo mejor del pecho / con los poetas y sus sueños a la deriva / con el paisaje que me entregó la razón más simple / con los errores imprescindibles / para el regreso al hogar del alma / con el deseo. // Estoy en deuda con mis verdugos / por transformarme el dolor en voz y el amor en culto / con las abejas y las hormigas / que me enseñaron que cada cima tiene su día / con el derroche de fantasía que me salvaba / de sucumbir sin la redención de cada batalla / con los naufragios en tantos vientres / donde el amor estampó su huella / con Krishnamurti, con Juan Gaviota y la irreverencia / con el misterio de una canción que selló mi rumbo / con el buen juicio de las confesiones / con el candor de los desvalidos / con las estrellas / estoy en deuda.» 

Otro texto, fechado el 17 de octubre de 1986, de algún modo estoico por su soporte y carga confesional, es «Esta vida, este tiempo, este espacio sin ti», en cuyos versos Mike confiesa su plena soledad, pues ya su esposa e hijo han partido y su alma ha quedado vacía. Y al igual que en el haikú del poeta japonés Matsuo Bashŏ: «Este camino ya nadie lo recorre / salvo el crepúsculo» (traducido por Octavio Paz), Mike siente como si su vida transcurriera en un terreno baldío: 

Este espacio sin ti refugiado en el verso 

frío en donde la noche reclama fantasías 

y te empiezo a perder. 

Este espacio sin ti, poderoso y desierto 

incierto y despiadado, con lo que me has dejado 

para ir y venir 

me tiende extraños lazos desde algún rincón 

revuelve tus olores y el último adiós 

me cabe entre las manos este espacio sin ti. 

Este tiempo sin ti, segador de esperanzas 

misterioso andarín que improvisa sus juegos 

y se burla de mí. 

Este tiempo sin ti de duda y desaliento 

escurriéndose lento por las grietas del cielo 

forzándome a existir 

se siente cómo pasa sobre la canción 

no deja cabo sueltos de resurrección 

y a veces se me escapa, este tiempo sin ti. 

Esta vida sin ti de rutinas y miedos 

proponiéndome a diario la prudencia 

la suerte y el rumbo a seguir. 

Esta vida sin ti que muestra en lontananza 

un sueño que no llega, la promesa que vuela 

y la luz que perdí 

acechando en secreto a mi fragilidad 

desarmando ilusiones que evoco al azar 

con el reto callado que me obliga a pasar 

esta vida 

este tiempo 

este espacio sin ti. 

Mas, sería en el magnífico poema-canción: «Los oportunos» —con el que concluí mi crónica «Mike Porcel en El Espejo», publicada por Armando Añel en su revista Puente a la vista—, donde vertiera Mike su justa y merecida ironía que, no obstante su habitual bonhomía, le merecerían y merecen sus ¿colegas y amigos? de la entonces reciente y desde no poco tiempo atrás fracasada e inexistente Nueva Trova. 

A ellos —¿a quiénes si no?— les espeta en sus envidiosos rostros sus magníficos y siempre vigentes versos que sirven a muchos —como a tantos, entre ellos, este poeta, crítico y periodista—, quienes sufrieron/sufrimos semejantes o parecidos ataques no solo en los años ochenta, sino en posteriores décadas y, aun, en los actuales e infelices tiempos de miserias humanas de la sobreviviente Cuba castrista: 

Los oportunos siempre llegan 

cuando las oportunidades 

vagan con prisa por las calles 

y los demás no las esperan. 

Los oportunos son muy diestros 

en eso de alcanzar la gloria. 

Fouché encabeza sus memorias 

y es Maquiavelo su maestro. 

Los oportunos no se arriesgan 

y sin embargo dan el paso. 

Con dos sonrisas y un abrazo 

dan vueltas a las coincidencias 

y ni se duermen ni se cansan 

de alimentar sus sueños verdes. 

Siguen el rastro, no lo pierden 

porque su guía es la alabanza. 

Mírelos cómo hacen por flotar 

cuando el remolino les amenaza el barco. 

Véalos cómo logran salir 

y cómo se incorporan a la nueva ola. 

Mírelos cambiando de tutor 

diciendo lo mismo con distinto nombre. 

Véalos cómo vuelven a embaucar 

a su más seguro servidor: el HOMBRE. 

Los oportunos son expertos 

en camuflar sus fechorías. 

Componen una alegoría 

y lo demás es tiempo muerto. 

Los oportunos no se guardan 

de destronar a otro oportuno 

porque en su código no hay uno 

que sea digno de confianza. 

Los oportunos se acomodan 

en cualquier piedra del camino. 

Si el viento sopla en el vecino 

hacia su reino ponen proa. 

Se parapetan en los modos 

y tal parece que no piensan 

lo malo de las consecuencias 

y al fin y al cabo logran todo. 

Mírelos… 

Los oportunos son silvestres 

cosmopolitas en esencia 

sectarios en cualquier creencia 

siempre agradables y rupestres. 

Los oportunos nunca piensan 

lo inoportuna que es la muerte. 

Van tan seguros de su suerte 

que ni se apuran ni se inquietan. 

Piensan que al juicio de sus almas 

van a llegar, siempre oportunos. 

Finalmente, concluyo este ensayo sobre el excelente volumen Tonadas y versos, del notable poeta, trovador y compositor Mike Porcel, con el poema autobiográfico «Yo dejaré esta vida» que, como irrebatible Testamento (tal podría ser su título), confirma la dura existencia de quien debió padecer nueve años de injusto insilio en nuestra pisoteada Cuba, y luchar para sobrevivir a la tiranía castrista y a tantas amargas experiencias afrontadas, las que, sin duda, servirán a los lectores para conocer mejor la ejemplar vida y obra de este irredento artista, Mike Porcel.        

                             

YO DEJARÉ ESTA VIDA 

Yo dejaré esta vida cualquier día 

quizás sin comprender por qué llegamos. 

Sin saber si estuvimos y volvemos 

mas no como en el principio de mis pasos 

en que ortodoxo y serio, dogmático y cerrado 

filosofaba el viento perdiéndome veranos. 

Prisionero en mis creencias, me apartaba del vecino. 

Tantos humos, tanta ciencia, tanto afán envanecido. 

Arrasando por salirme con la mía 

ciego a toda la belleza del momento 

despertando por segundos, sepultado en vano empeño. 

Yo dejaré esta vida de repente 

sin alcanzar estados, ni altos cielos 

sin desdoblar a voluntad mi cuerpo 

sin develar los mitos y los misterios. 

pero con la única certeza de que una flor se entrega 

sin esperar regreso, así como se encuentra. 

Y que una sonrisa vale por millones de profetas. 

Y que el amor no se nombra, ni se busca, ni se enseña. 

Que el vivir es un regalo de los dioses 

que no hay mejor sinfonía que la noche 

que uno busca en tantas partes cuando todo está en el hombre. 

       

Yo dejaré esta vida bien sereno 

si es que logro reírme de los sueños 

que me hicieron caer sobre lo mismo 

con su dosis de angustia y de veneno. 

Y a quién dejar recados en base a una experiencia 

si lo que no he encontrado la vida te lo enseña 

y en un trago de buen vino brindo por los realizados 

por los tantos ignorantes que ignorando se ignoraron 

por frustrados veladores enloquecidos 

por aquellos que perdieron lo perdido. 

Brindo por los elegidos que me hicieron lo que he sido. 

En Miami, marzo-abril, 2020.

A colación de “Sueños al pairo”.                                                              

Eurídice Losada 

(...estoy en un país libre y he estado callada demasiado tiempo)

Hace aproximadamente unas semanas nos encontramos recurrentemente con citas y referencias a diferentes reacciones sobre el documental “Sueños al Pairo” dirigido a la obra del compositor Mikel Porcel y realizado por José Luis Aparicio y Fernando Fragüera, el objetivo fue hacer el reconocimiento, que no se le había hecho, -y que indudablemente se había ganado-, así también, de paso, reclamar el espacio que su obra se merece dentro de la memoria cultural cubana e  hispana. 

No obstante lo que atrajo mi interés fue que el objeto de las discusiones no se  dirigía hacia Mike y su obra, sino a los entrevistados y sus criterios actuales. 

Personalmente siento que a veces se puede eludir el verter un criterio; porque los criterios tienen que respaldarse con posturas definidas –de otra manera, de que serviría la crítica?...-; y era esa postura de no-compromiso o de sencilla indiferencia, la que me permitió mantenerme alejada, hasta ahora, –aunque si- observadora de todo el “revuelo” que ha causado, repito,  NO  el documental de Mike y la presencia y valor de su obra creativa;  sino las reacciones desatadas en torno a los que se han manifestado a favor o en contra de los entrevistados en el documental. 

Es sintomático que no se cuestiona el espacio que se ha ganado la obra de Mike como parte del patrimonio cultural musical cubano y  que trasciende como parte de la cultura hispana (ello es una verdad  –con documental o sin él),  pero,  la realidad de lo que se disputa no es sobre su obra, ni sobre su postura de “libre pensador” -que salta en su obra-, o, su posible participación –de por mas inevitable-  con el gobierno, o dicho patrióticamente, con “la revolución”.  Increíblemente NADA de ello es parte del tema en disputa, lo que ha saltado “sobre el tapete”  ha sido la postura que asumieron los entrevistados y determinados artistas en el momento en que se sucedía el tristemente célebre evento del Mariel. 

Dentro de mi siento que hubo una postura –quiero pensar inconsciente- que cometió la mayoría de los entrevistados y  fue -a más de cuarenta años del Mariel-, querer justificar –con juicios y criterios tibios- el compromiso asumido como artistas dentro del “sistema”, así como, –tibiamente también- (unos  más que otros)  exponer de manera tristemente apologética la postura y relación de amistad que manifestaban al autor en ese período preciso; realidad que NO pidió el documentalista y mucho menos exigió o sugirió Mike cuando relata lo sucedido desde su propia perspectiva y experiencia. 

Una vez que me decidí a escribir, desde mi postura de artista, músico, y parte de esa misma generación,  empecé a tratar de definir el conjunto de preguntas y respuestas que me surgían al escuchar, ver y leer las diversas reacciones y declaraciones vertidas.                            

Entre las preguntas que venían a mi mente había una que me detuvo más de una vez,  y a la cual, evidentemente me negaba a darle una respuesta fácil: “¿Por qué el documental ha provocado reacciones tan personalmente viscerales?” 

¿Por qué?  ¿Es… por que aparecen escenas del Mariel…y de los actos de repudio…?   No, no puede ser, el Mariel es historia y como hecho tiene mucha información  visual y escrita en Google. 

¿Por qué entonces esa necesidad de los entrevistados –y los comentadores posteriores-  de justificar –o atacar- su presencia y postura ética en los hechos?, o…  es que como mudos testigos culpables no se quiso reconocer –hasta ahora-  que no supimos respaldar en un momento crucial a un amigo -o sencillo compañero de trabajo. 

Y no, no estoy fuera de ese grupo, aun cuando  -para sentir más dulce mi vergüenza-, no participe en ninguno de los actos de repudio porque dije abiertamente y desde el principio que no participaría, que no había ninguna resolución que lo hiciera obligatorio. No obstante cuando fui a su apartamento en Miramar (no a la casa de sus padres), para intentar comprobar si era cierto que se quería ir, me avisaron –sus mismos vecinos- que: “no volviera, que había que dar los nombres de los que hasta allí fueran”…, y ahí mismo murió mi sentimiento de respaldo hacia mi amigo. 

Oh Dios!, nuestra sociedad ha sido tan dividida, tan fragmentada,  su desintegración como sociedad y nación fue  tan extremadamente bien diseñada (DIVIDE Y VENCERAS) que a más de 60 años de la miseria y la culpa espiritual en que nos envolvimos, aún, en este periodo de la vida nos sobrevienen  conflictos que nos duelen y avergüenzan dentro. 

Los valores cívicos, -que habíamos heredado de los verdaderos próceres de la patria-, nuestros principios de lealtad, nuestros sentimientos de  apoyo y respaldo al que lo necesitaba, se sustituyeron “con la revolución todo, contra la revolución nada” 

¿En que nos convertimos?  Sí, porque levantamos la mano sabiendo que no era nuestra voluntad, porque callamos ante injusticias, porque asentimos masivamente aun cuando sabíamos que mentían,  porque los nuevos términos: “tronado”, “cayó en desgracia”, ”conflictivo”, ”problemático” “con vestigios pequeños burgueses” se convirtieron en guía para determinar a quién escogíamos y a quien nos acercábamos. 

Al final fuimos perdiendo el orgullo de pertenencia integral a una nación y lo sustituimos por el de “Patria” y “Revolución”  sin pararnos a detenerlo. 

¿A que grupo pertenecemos?   ¿Con cuál programa nos sentimos comprometidos? ¿Qué motivo nos puede mover a integrarnos sinceramente a un proyecto de cambio y ser consecuentes con esa postura?  ¿Que nos define?, si en esos años solo aprendimos a sobrevivir, a callar las verdades que descubríamos, a no formular preguntas “comprometidas”, a comportarnos de la manera que se esperaba, a cometer delitos callados (porque había que “resolver” las necesidades elementales de la familia),   y  aunque nos duela, eso fue lo que entregamos como generación cuando vimos calladamente como  los patrones y valores heredados se diluían, porque al final decidimos no pagar las consecuencias. 

Somos (SOY) parte de la generación que en los inicios se creyó realmente los “cantos de sirena”, (cantos que la generación actual no tiene),  pero que también vio calladamente cómo se levantaba un sistema férreo de represión, violencia  y miedo, de fusilamientos, de encierros sin juicios justos, de  intelectuales -a los que se les perdonaba el castigo-  si públicamente se desdecían, y entonces el temor se apodero de nuestra voluntad y un día nos dimos cuenta que realmente teníamos una “doble moral”. 

Y entonces levantamos la mano una y otra vez, y fuimos a manifestaciones una y otra vez, y callamos y asentimos,… y callamos y asentimos,… y callamos y asentimos,…  y hoy no queremos aceptar el dolor en lo que nos convertimos como seres humanos y como sociedad,  y resulta una burla querer curarlo –o tratar de sentirnos mejor- con apologías y exculpaciones tan vacías como inefectivas. 

Fuimos usados, SI,… fuimos manipulados, SI,…  aprendimos a vivir con miedo, SI,… aprendimos a ser nuestros propios policías, SI,  SI,  SI,…  y el día que nos dimos cuenta optamos por no reaccionar. 

Creo sinceramente que “Sueños al pairo” -sin proponérselo- se convirtió en un espejo donde no habíamos tenido tiempo de mirarnos. Fue como si una generación –que representan los creadores del documental- quisiera preguntarnos –a la generación que sostuvo ese sistema y participo de alguna manera en el evento del Mariel,-  que hicimos antes y que no hicimos después. 

De todos modos… lo mejor y que perdurará, es que el documental ha sido un reconocimiento merecido a la obra de Mike que nuestra generación le debía, tanto a la que hizo “estando allá” como a la que ha hecho “estando aquí”, y que puedo asegurar tiene obras que pueden sorprendernos grandemente, porque Mike es un músico, creador y compositor de innegable alto vuelo que no ha dejado de superarse y re-inventarse una y otra vez.   

  

“Hasta el final, Amigos” 

   Cuando tuve una guitarra en mis manos por primera vez, contaba con 12 años de edad. Con ella me fui acercando a la música que se escondía dentro de unas circunferencias negras y de vinilo que le dieron por nombre: disco. De ahí fui “sacando” algunas de las canciones que se hallaban en los misteriosos, delgados y  sonoros círculos. 
   En una ocasión, años más tarde, salió como un ave de entre los surcos una canción que me atrajo sobremanera,  que aún canta Amaury Pérez, y que me obligó a tomarme  en serio la ejecución de mi hermoso instrumento por su belleza y complejidad armónica. Esta clásica y notable  pieza lleva por título “Diario”.  
    Supe que el autor no era el que la cantaba en el LP, lo que hizo que indagara sobre su obra. 
  El 1978 nace “En busca de una nueva flor” cantada por Argelia Fragoso, y quedo fascinado por tal composición. De nuevo constato que el autor es el mismo de “Diario”. En esa fecha se hicieron conciertos por el "Festival Mundial  de la Juventud y los Estudiantes" para el que fue compuesta la obra que cantó Argelita y en una de esas me presenté vestido de guardia con las botas llenas de lodo como cantor con dos canciones, una fue la que descubrí cuando ponía mis primeros acordes y que menciono en párrafo anterior. El aplauso fue denso y largo, lo que me decidió a comenzar el oficio que hoy llevo a cuestas. 
   Desde ese entonces escuché canciones y músicas maravillosas que aparecían en los 45 rpm y 33 rpm que se ponían los domingos de almuerzos familiares en un tocadiscos ruso que trajo mi hermana Delsa a casa y también en las presentaciones que hacían los cantores por nuestra ciudad.  Casi siempre, las más bellas eran de este singular bardo: 
   “Dialogo con un ave” 
   “Paloma que Vuela” 
  “Don Carlos” 
  “Myriam” 
  “Ay de amor” 
   “Pajarillo” 
    Siendo ya todo un profesional y en un viaje que hice a Miami, conseguí el teléfono de el señor que es centro de mi relato, lo llamé, nos juntamos en la casa de mi hermana Olga, y ahí comenzó una amistad profunda, leal y sincera que no podrá enturbiarse jamás. 
    La cercanía a este hombre, a este insondable artista, me acercó aún más a su magnánima obra. Obra llena de misterios, que hay que escuchar con detenimiento, con la mente y con el corazón abiertos, un trabajo que quedará tatuado en nuestras almas, melodías de quién escribió una de las letras que mejor trata el tema de la amistad y que une en fuertes eslabones al artífice que la creó y a quien escribe esta historia. 

  La canción se llama “Amigos” y mi amigo: Mike Porcel 

 Carlos Luis 

Santo Domingo/ Enero de 2020

Mike Porcel – Echoes 

Article by: Professor Mark 

CDBaby.com is a real treasure trove to find great contemporary music and while searching one day recently I discovered Cuban born American musician Mike Porcel and his latest album, Echoes. 

Echoes is a musical expression of a life journey and Porcel uses progressive rhythms and instrumentation, accentuated with classic orchestrations to highlight this adventure; from departure, through the voyage to reaching the ultimate destination of life. Along the way, he provides several wonderful original compositions of musical prowess, which underscore his deep experience and diverse composition and performance background. 

Porcel is the co-founder and musical director of the Cuban progressive-rock band Síntesis, in addition he has successfully performed, scored, and composed some of the best music of the 1960s and ’70s Cuban theatre scene. Porcel began learning guitar at the age of three and he has continued to pursue his dream of composing music to the present day. He started his work as a band member with one of Cuba’s most famous and innovative bands in the 1960s, Los Dada, and he indeed has a rich past that should be explored in more depth, but this present Echoes production is a rich culmination of all his experience and cultural knowledge. 

Echoes is an epic exploration of life’s richness, set to music. Piano, flutes, drums, guitar, keyboards, synthesizers, trumpets and orchestration all help to re-create the many mysteries of life’s experience. This is a wonderful trek through time, with spacey passages, overwhelming epochs and chasms of music. The woodwind, choral and orchestral passages are extravagant and lively with surrounding sound. 

This is complex music which will take you away from life’s everyday nature and transport you willingly to a place of adventure for the mind. Every twist and turn in the journey is full of wonderful musical surprises, of instruments you may not have heard in a long time. 

Get this album, put on some headphones, close your eyes and the rest will unfold harmoniously within your mind. Enjoy!

Mike Porcel - Echoes 

CD "Echoes" Mike Porcel

El Caiman barbudo

CD "Echoes" - Mike Porcel

September 03, 2017

Joaquin Borges Triana excerpts

EcosJBT.pdf

Echoes (Suite cubana para orquesta y banda rock)

el caiman barbudo

por Joaquin Borges Triana

Agosto 31, 2017

http://EcosJoaquinBorgesTriana.pdf

 

 

 CD "Echoes" - Mike Porcel

por Eurydice Losada 

Julio  21, 2017 

               La creación es un acto de libertad, no hay dudas, y como tal a veces rompe el marco de lo establecido para nuevas propuestas, o tal vez –solamente- porque lo que estaba por crearse no tenia otro modo de expresarse. 

Eso es en esencia lo que pienso de la obra “Ecos” de Mikel Porcel . 

“Fantasía para Orquesta Sinfónica y Banda de Rock”? “Suite Sinfónica para Orquesta, con cantante y Banda  Rock”? “Ballet con cantante y banda de Rock”? No importa el nombre, la obra, genuina de por mas no tiene antecedente ni ninguna referencia a la cual remitirse. 

Por lo tanto, sin ningún prejuicio, sin ninguna actitud preconcebida –que de por mas no serviría para guiarse, adéntrese en escuchar lo que el compositor nos esta proponiendo y déjese llevar por un viaje que como el mismo plantea, es el de cualquiera que un día echa a andar paraalcanzar sus sueños. 

Eurydice Losada. 

Musicologa 

 

CD "Echoes" - Mike Porcel 

by  Eurydice Losada  

July 21, 2017 

There is no doubt that creativeness is an act of freedom, and as such, it sometimes breaks the established framework in search of new proposals. Perhaps it is only because what was to be created had no other way of expressing itself. 

That is essentially what I think of Mike Porcel's "Echoes". 

Whether you call it a "Cuban suite for Symphonic Orchestra and Rock Band", a "Symphonic Orchestral Suite, for singer and Rock Band", or a "Ballet with a singer and rock band", the title does not matter. This completely genuine and unique work has no antecedent or paradigm to which we can refer. 

Therefore, without any prejudice and without any preconceived attitude - which would only hinder - listen deeply to what the composer conveys and let yourself be carried away on a journey that, as his work suggests, is the journey of anyone who one day decides to do everything possible to reach their dreams. 

Eurydice Losada 

Musicologist

En busca de una nueva flor 

by Robert C. Diaz 

October 22, 2016

http://"En busca de una nueva flor"

 

Sobre "Tonadas y Versos" 

por Sergio Andricain 

Noviembre 11, 2015 

            Recibo por correo un libro muy especial: "Tonadas y versos", de Mike Porcel (Cincinnati, Ohio: Los libros de las cuatro estaciones, 2011), con prólogo de Carlos Espinosa Domínguez). 

Esta obra, que reúne los versos de uno de los más originales trovadores cubanos de su generación, me ofrece la aventura singular de leer unos textos que inicialmente escuché, disfruté e hice míos acompañados por la música de su autor. Anoche comencé la experiencia y no me detuve hasta llegar al final. Disfruto con fruición estos poemas --porque eso son, y no letra de canciones--, en silencio, sin recordar los sonidos musicales a los que han estado asociados desde su nacimiento. Y los redescubro y percibo de una manera distinta, que me revela detalles en los que antes no reparé. A la vez, las palabras con que ellos fueron escritos me sugieren otra sonoridad, tan rica y maravillosa como la que forman las notas musicales que Mike les asignó. Una delicia desvelarme leyendo estos profundos y reflexivos versos que me hacen evocar el cancionero de los trovadores medievales; perder el sueño así es una bendición. 

Sergio Andricain