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“To stop the flow of music would be like the stopping of time itself, incredible and inconceivable.”

"Detener el flujo de la música sería como detener el tiempo mismo, increíble e inconcebible".

Aaron Copland

Mike Porcel, justicia para la excelencia y la virtud

Por Rubén Aguiar, músico y compositor

 

22 de octubre de 2021 - 11:10 

Y esa, la justicia histórica para él, es la mejor mía-personal venganza contra esos mismos y todos aquellos-estos otros que se atragantan del tanto cavernícola ruido que invade hoy la modernidad.

Que la historia le dé el lugar que no le dieron sus contemporáneos. Esa es la justicia mayor para la excelencia y la virtud que, a tono con la condena y castigo del malvado y la indiferencia de tanto homo masa, parece haberse tomado por su mano y nunca se ha permitido abandonar el gran artista cubano Mike Porcel.

Y esa, la justicia histórica para él, es la mejor mía-personal venganza contra esos mismos y todos aquellos-estos otros que se atragantan del tanto cavernícola ruido que invade hoy la modernidad y el alma y oído de sus modernos. Esos del reguetón y la guapería, de la malatrova, los cuatro acordes y la rima fácil, los del ambiguo oportunista comportamiento y el hipócrita discurso, pretendido arte.

Y también contra los de la ignorancia forjada en el nulo esfuerzo por intentar, al menos, comprender la estricta dimensión de un arte como la canción, los matices que la configuran y la lógica que marca su división en géneros, esa característica que convierte en incomparables una canción popular con una lírica, una para encender el carnaval con una para iluminar un alma espiritualmente exigente, una tumultuosamente prescindible con una íntima, eterna, definitivamente divina. 

El arte está más allá de los gustos y las utilidades. Muy al norte de lo opinable. Listo. Y ahora a lo que vale, lo noble. 

Mi primer gustazo con Déjà vu, el más reciente disco de Mike Porcel, fue comprármelo. Antes de que Mike se diera cuenta, pues siempre tiene un disco destinado para mí. Luego, segundo gustazo, su dulce reprimenda por mi compra, una cariñosa versión desesperada del regaño que, me confesó, le propinó su adorable Millie por “no estar al tanto”. Pero es que, hasta donde recuerdo, Déjà vu es el primer disco que compro en mi vida. Y, por personal coherencia histórica, tenía que ser de-para Mike Porcel. 

Y entonces, con los días, el premio: la escucha. La cata más bien. Porque me lo he bebido una y otra vez. Hasta llegar a considerar que ya voy entendiendo al maestro: cueste lo que cueste hay que salvar la música. 

Caída en la belleza. Admiración mayor al embellecedor. También rabias y tristezas. Amieladas y leves, por supuesto, pero ahí han estado en cada audición como un reproche a medías cariñoso ante el cada vez más frecuente alejamiento de mi fe en las bellas cosas. Y, definitivamente, sorpresa y agradecimiento. Emoción. Retorno a mí mismo. Vuelta a las juveniles expectativas respecto al arte. 

Música ¡Música! Pero no cualquier música: Canción. Y no cualquier canción. Canción Arte. Esa que no tiene género. Canción sin encierro, fuera de todo caracol, destinada al alma y al cerebro, repartida en riguroso equilibrio entre emoción y razón. Disfrute espiritual y físico. 

Trabajo y amor, Mike en Déjà vu es, él solo, un equipo completo de creadores y ejecutores entre músicos y técnicos. Creó las canciones, creó los arreglos y las orquestaciones, dibujó y pintó los territorios sobre los que asentar su voz diciendo sus poemas y melodías, sus soportes armónicos, su entrada en ese bosque desconocido que es la música real compleja necesaria. Y tocó los Instrumentos a tocar y programó, con meticulosidad y paciencia de orfebre hacedor de damasquinado de Toledo, cuerdas, orquesta, percusiones, silencios, intenciones. Luego grabó la música y el verso desde su garganta. Para entrar a continuación en el digital universo de la tecnología que todo o casi todo lo puede y que reina para bien y mal de los hombres. Escrupulosa ingeniería necesaria para borrar cualquier rastro de todo aquello que no fuera la divina poesía sonora que necesitaba transmitir. Amor y trabajo. Mucho de ambos. 

Hubo también, como complemento y acabado, la mano maestra de Ricardo Eddy Martínez en las mezclas y de Bruce Weeden en la masterización. El diseño gráfico es obra de Roberto Carril Bustamante. 

¿El resultado? Esta sensación de felicidad y salud que tan poco dinero-esfuerzo me ha costado. 

Insisto en el regalo: felicidad y salud. 

El otro valor fundamental que preciso para celebrar la vida lo pone, en el disco, justo su arte: libertad. Como en toda su obra, sus discos y sus decires, en Déjà vu Mike es el artista más libre que conozco. 

“Me niego a ser rebaño 

porque el andar en fila 

y esperar de rodillas me hace daño.” 

Mike Porcel sigue demostrando que es posible madurar sin envejecer. O transitar la adultez sin abandonar la acometividad de la adolescencia. Esa exquisita estricta exuberancia en su música y su poesía no es más que mucha juventud, mucha vida, es la explosión de una artística adolescencia inmutable, eterna, la misma que desde hace medio siglo nos mantiene temblorosos y rejuvenecidos también a sus admirados adoradores. 

Cada vez que me inquieta cierta sensación de no estar siendo absolutamente objetivo en mi percepción de Mike Porcel y su música, doy al play y me pongo a escuchar. Invariablemente el resultado es una pregunta con un sentido provocadoramente diferente: ¿qué es ser absolutamente objetivo? Todo lo bueno y mejor que se puede decir de Déjà vu está en el disco. Estos apuntes son pura emoción y, desde ellos, la necesidad de compartir. 

Y la esperanza de motivar a quienes no abandonan su propia fe en las bellas cosas. 

Y sí, así como fumao’ me deja el disco. 

mikeporcel.com/cds 

Por Rubén Aguiar, músico y compositor

Mike Porcel: "Hoy se trata de evitar todo lo que sea reflexivo" 

09 de octubre de 2021 - 10:10  - Por WILMA HERNÁNDEZ 

El cantautor conversa sobre su nuevo disco, "Déjà Vu", un material con el que recuerda sus vivencias, entre ellas el calvario que vivió en Cuba tras un intento fallido de emigrar. 

Su nueva entrega, Déjà Vu, habla precisamente de esa sensación de recordar vivencias pasadas que propone la frase en francés con la que tituló su cuarto álbum de estudio. “Cuando ocurre la experiencia déjà vu es como si un recuerdo se despertara, como encontrar a una persona que ya hemos visto, un revivir de experiencias o de sensaciones. Es esa experiencia intuitiva que nos ha sucedido a muchos, cuyo nombre viene del francés y quiere decir ya visto”, expuso Mike Porcel, durante una entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS. 

“Cuando empecé a grabar la voz de las canciones, empecé a pensar cómo le iba a llamar a este proyecto. Y tuve hasta cuatro títulos posibles, pero Déjà Vu fue el que más me cautivó, porque todas esas canciones me traen una experiencia déjà vu de muchas sensaciones y experiencias vividas anteriormente”, agregó. 

La historia detrás de Déjà Vu 

Se trata de un disco que contiene 16 temas inéditos de su autoría, excepto Oración de San Francisco, que le trae tristes recuerdos de la época cuando tocar el órgano en una iglesia en La Habana era la única opción de ganarse la vida tras haber sido vetado en la isla por intentar emigrar en el éxodo del Mariel, en el 1980. 

“Musicalicé ese poema de San Francisco y recuerdo que lo canté mucho en las misas. Y por eso la puse en el disco como una especie de homenaje y agradecimiento a esos sacerdotes y hermanos franciscanos que me dieron trabajo”, dijo Mike Porcel. 

“Yo intenté irme por el Mariel y no me dejaron. Ahí empezó el calvario. Desde que los oficiales de inmigración vinieron a buscarme a la casa para ponerle un sello a la puerta, como que ya nadie vivía ahí, ellos informaron inmediatamente a todas las autoridades de la cultura. Y cuando yo estaba en un centro donde se reunían todos los que se iban antes de que los llevaran a Mariel , ahí me llamaron alrededor de las 2 de la madrugada y me dijeron: ‘no te puedes ir, vete para tu casa, y no te vas a ir nunca’. Eso fue en mayo de 1980. Y me fui en enero de 1989”, recordó 

De esa etapa difícil que vivió alejado de su familia y de los reflectores, después de haber cofundado y dirigido la banda de rock progresivo Síntesis, surgió el tema Si te vuelvo a encontrar. 

“Es un tema nostálgico, de cuando estuve retenido en Cuba, no me dejaban viajar; mi esposa y mi hijo salieron antes. Y era imposible evitar el peso de la nostalgia. Así salió ese tema, porque en ese momento no había seguridad ninguna de si podría salir o me iba a quedar allí toda la vida. En unos meses perdí el trabajo artístico. No solo eso, también perdí las posibilidades de ir a la radio, la televisión, era una figura totalmente proscrita. Fueron años de espera, sin tener la seguridad. No me decían por qué ni cuándo. Esa incertidumbre es una de las cosas más difíciles”, contó Mike Porcel. 

Una magistral entrega 

Porcel tardó casi un año para dar forma a Déjà Vu, un álbum que considera supera los tres anteriores, porque además de la exquisitez en la producción, muestra su madurez como artista. 

“Siento que hay mucha más madurez y una capacidad de selección mucho más exquisita que cuando estaba en Síntesis. En la juventud hay mucha más pasión que razonamiento, ahora digamos que la pasión y el razonamiento están mucho más equilibrados”, expresó sobre su evolución musical. 

“Me gusta pensar y repensar las orquestaciones, le busco la conexión dramática entre lo que está diciendo el texto, la música y lo que va a aportar la orquesta. Así que me tomo mi tiempo, como un año, para ir buscando exactamente lo que quiero con cada instrumento. Creo que de todos los proyectos que he hecho, el que mejor ha quedado ha sido este”, dijo el autor de temas como Ay del amor o Esa mujer, que incluyó en su primer material discográfico, Intactvs. 

Déjà Vu es especial porque nació a partir de canciones que, de cierta manera, le recuerdan su historia. 

“En el cuarto proyecto, ya me decidí a sacar a la luz la mayoría de los temas que me encantan o que me gustaban pero que no había tenido oportunidad de grabar ni había cantado en concierto por distintas circunstancias. Es como un revivir, un renacer, un rehacer, porque el tiempo te va dando una madurez y un conocimiento de cómo manejar la orquesta y la producción del disco. Y en este disco se cumple esto”, agregó al explicar lo que significa este nuevo álbum que llega como un bálsamo a quien lo escucha. 

Pero también es un trabajo musical que desafía los tiempos actuales en los que imperan las letras vacías. 

“Es un disco un poco triste, porque tiene una tendencia a la reflexión, que hoy se trata de evitar a toda costa; todo lo que sea reflexivo se trata de evitar y se va más hacia lo superficial, lo banal. Como casi todos mis trabajos, pero especialmente este, creo que, parodiando la frase famosa del poeta español Juan Ramón Jiménez, es un disco para la inmensa minoría”, señaló. 

“Ojalá fuera para todo el mundo. Yo creo en la sensibilidad del ser humano. Y pienso que la gente está saturada, en el peor sentido de la palabra, de lo peor de la música. Y eso es lo que se divulga. Es una especie de veneno que va caminando como una enfermedad y llega un momento que la gente no vibra, no es capaz de sentarse a escuchar una música que dure más de dos minutos, porque no pueden, no tiene sentido para ellos. Es triste, para un artista es dificilísimo, pero yo lo que sí no puedo hacer es traicionarme a mí mismo”, añadió. 

En Déjà Vu, Porcel también evoca a un clásico de la literatura con la canción Vencidos y vencedores. 

“Suelo hablar de mis propias vivencias, no siempre son canciones de amor. El disco termina en Vencidos y vencedores, que es un poco una alegoría a Sancho Panza y Don Quijote, incluso utilizando lo más cercano a las mismas frases de Cervantes. Y esa no es una canción de amor; surge a partir de una reflexión mía sobre esa frase que dice: ‘pues los vencidos de hoy serán vencedores mañana’”, explicó. 

Una frase que le podría remontar a los años amargos que tuvo que enfrentar en su país natal. Pero prefiere quedarse con lo mejor que le ha tocado vivir a raíz de esa experiencia. 

“Creo que queriendo destruirme, ellos me hicieron más fuerte porque lejos de deprimirme, empezar a beber y buscar escapismo, empecé a buscarme interiormente y conecté con muchas escuelas filosóficas y algunas religiosas en las que encontré respuestas a muchas interrogantes que tenía y a la misma situación por la que estaba pasando. Así que creo que salí ganando. No hay duda de que perdí nueve años de mi vida. Si hubiera llegado a España con nueve años de antelación y luego aquí a EEUU, hubiera tenido quizás otras o muchas más oportunidades, pero pienso que el destino de cada uno es cómo es . Y lo importante es que llegué y cómo llegué”, reflexionó. 

Déjà Vu, de Mike Porcel, ya se puede escuchar en Spotify, Apple Music, Pandora y Deezer. También está a la venta en Amazon y en la página oficial del artista, mikeporcel.com.

Dèjá Vu - Mike Porcel 

por Rafael Zamora 

Junio, 29 2021

Nunca había sido hasta ahora tan eminente y comprometida su faceta de orfebre, de mago en acometer sonidos en armonía con un rico mundo donde hilvanar su cancionero, histórico pero aún poco conocido, dónde va pagando su deuda con la sociedad (quién es en realidad la deudora), con más presencia de esa, de ésta, la obra de Mike Porcel. Si bien es cierto que su juicio de autor le convidó y conminó a elegir muchas de sus canciones más presentes en la memoria colectiva de su generación para tomar parte Intacta y Personal de su presencia espiritual y por fin corpórea, también es cierto que sus creaciones que todavía permanecen en la sombra, resplandecen.  Y es que Mike no fue el producto de un momento ni de una mente enfebrecida que soltara chispas de punzante brillantez de marketing. Eso es lo que presenciamos en este momento afortunado de reencuentro, de Dèjá Vu con la obra de Mike Porcel. 

Dieciséis canciones que abren con un sorprendente Abril 13, tributo al mismo Mike Porcel, a su vida y obra al celebrar su onomástico. Sorprendente porque muchas de las vivencias del autor han incidido en su manera lúgubre de pensador, poeta y autor, afortunadamente sin prescindir de su belleza como estandarte, y contraponiendo a entregas como "La muerte viaja a nuestra izquierda" "Si me muero mañana", la nostalgia de "Si te vuelvo a encontrar", la dolorosa "Y tú, al otro lado del mar", o la misma hermosa "Ella es agua que fluye",es capaz de darnos este merecido homenaje y celebración. 

Las mejores canciones, podrían ser casi todas, el barroquismo y gracia clásica de la melodía de Anabel en..., el interludio para pasar de La muerte viaja... a Si me muero mañana, el quehacer y vuelo melódico de Madre, mis grandes favoritas Romanza del vanidoso, y Sobre el camino (una de las para mí completamente inéditas), el encantador júbilo de Reto de la libertad (otra de las para mí inéditas), otra favorita "Y tú, al otro lado del mar", la nostálgica "Y cómo pude serte infiel con la mirada". Tampoco se quedan atrás la interesante e inédita (al menos para mí) "Vencidos y vencedores", o el tributo al buen Miguel (primo del Don Carlos de Mike, ambos probablemente inspirados en el Tío Alberto de Serrat). 

Pero posiblemente el logro más resultante de esta nueva obra de Mike radica en el papel conductor que logra su orquestación. Si bien se reconoció en su momento la labor inconmensurable de personajes como Ricardo Miralles en la obra temprana de Serrat en castellano (la mejor para mí), de Robert Kirby en parte de la obra de Nick Drake, Keith Christmas y otros intérpretes interesantes, de George Martin con los Beatles, de Andrew Powell con Al Stewart y Donovan, Mike nos entrega un puñado de canciones profundas de poesía rica, existencial, onírica, nostálgica acompañada de generalmente melodías hermosas que se nos presentan con su entrega total como intérprete, y que se hacen acompañar de una excelsa orquestación muy a mano de un brillante barroquismo. Sin embargo, cada pasaje, cada puente instrumental cobra su propia independencia y nos lleva de la mano a otros confines de la obra de este artista complejo y completo que es Mike Porcel. No queda entonces sino invitarlos a que emprendamos este viaje y nos sumerjamos en los confines de el arte noble y honesto que el artista ha plasmado en este su Déjà Vu, y que nos lo entrega con fervor y gratitud cuando hace suyas las hermosas palabras del hombre admirable, soñador. Poeta y santo que fuera San Francisco de Asís, para su cierre.

‘Déjà vu’, el nuevo álbum de Mike Porcel que estrena en este verano 2021

POR WILLIAM NAVARRETE ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

ACTUALIZADO 05 DE AGOSTO DE 2021 11:01 AM 

Se titula Déjà vu, y es el nuevo álbum que estrena en este verano 2021 el cantautor Mike Porcel (La Habana, 1950) exiliado en Miami. A pesar de que ese título en francés significaría que son trabajos ya escuchados, las canciones, todas de su autoría, resultan novedosas, y tanto las orquestaciones como la producción del disco corrieron por su propia cuenta. Por decirlo de alguna manera, Porcel se ha convertido en un artista completamente independiente, y aclara que lo hace para poder crear con plena libertad, sin las presiones de quienes pagan y exigen, a cambio, un tipo de producto. Sin contar, la mediocridad que se agazapa detrás de la comercialización de muchos sellos discográficos. Hace apenas un año Mike Porcel saltó a la palestra tras la salida en Cuba (no oficialmente) del documental Sueños al pairo que realizaron los jóvenes José Luis Aparicio y Fernando Fraguela en la Isla. El documental asombró a todos, incluso al propio Porcel, porque desde mucho antes de su salida definitiva de Cuba (durante nueve años, entre 1980 y 1989, el gobierno cubano le negó la salida del país y la posibilidad de trabajar) el nombre de quien fuera uno de los músicos claves de la generación de finales de 1960 y la década de 1970 permanecía censurado. En este nuevo disco lo ha alentado la idea de las experiencias que todos hemos tenido al “despertar el recuerdo de algún lugar en el que ya hemos estado o una situación ya vivida, un término que se aplica en psicología o parapsicología”, afirma. De modo que, para él, casi todos temas de este proyecto “despertaban en mí una especie de ‘déjà vu’, y me pareció entonces atractivo como título”. 

Me llama la atención que el último tema se titula “San Francisco”. Indago las razones. “Es un ‘bonus track’, un homenaje que hago a los hermanos y sacerdotes franciscanos de la iglesia de San Antonio de Padua, sita en Quinta Avenida y calle 60, del reparto de Miramar, en La Habana, a quienes agradezco infinitamente la solidaridad que manifestaron conmigo cuando me dieron la oportunidad de sobrevivir como organista de esa iglesia al perder mi trabajo, es decir, cuando se me prohibió trabajar durante nueve años en Cuba”, confiesa. “No se trata de una devoción por este santo en particular, sino de la ocasión para musicalizar ese hermoso poema que se le atribuye al santo y que se cantaba con frecuencia durante las misas”. 

Entre las canciones grabadas están “Vencidos y vencedores”, “Reto de la libertad” o “Si me muero mañana”, en las que como oyente relacioné directamente con situaciones relativas a Cuba o al exilio. Para Mike Porcel hay un poco de todo y prefiere dejar que cada cual dé rienda suelta a su imaginación, a partir de sus propias interpretaciones. A él, personalmente, no le interesa explicar sus creaciones, ni dejar acuñada qué las motivaron. En su conjunto el trabajo revela sosiego y madurez. Hay temas románticos como “Anabel en luna nueva” y “Ella es agua que fluye”, pero también el de la muerte, como “La muerte viaja a nuestra izquierda”, casi desde una perspectiva filosófica de lo ineluctable. Incluso se dedica a sí mismo una especie de testamento autobiográfico: “Abril 13”, que evoca su fecha de nacimiento. Son canciones que tenía dentro y llegó el momento de sacarlas y compartirlas con el público. 

Otras canciones habían sido grabadas por cantantes, pero nunca por él. Es el caso de “Diálogo con un ave”, que grabó la cubana Beatriz Márquez o de “Ay del amor”, por Ivette Cepeda, y que nunca habían sido grabadas en la voz de su propio autor. Mike Porcel consideró que era hora de hacer que se escucharan en el tono en que las imaginó. En su conjunto son canciones de periodos difíciles de su vida, que hablan de soledad, de desarraigo, de ese “exilio interno” que padeció. Dormían en algún rincón hasta que emergieron otra vez. Para este disco se convirtió en algo así como “el hombre orquesta”, pues grabó los pianos, las guitarras y la voz, y luego hizo las primeras mezclas antes de enviarlas a Ricardo Eddy Martínez para que hiciera las definitivas y que Bruce Weeden lo masterizara. La portada del disco es de Roberto Carril Bustamante, un artista cubano residente en España. 

Las dieciséis canciones del disco están lejos de ser algo “ya visto”. Son, por así decirlo, uno de los trabajos musicales más hermosos del año y una oportunidad de escuchar nuevamente a un gran cantautor en sus más lúcidos y sinceros momentos. El disco puede adquirirse en las plataformas Apple Music, Amazon, Deezer y Spotify, además de en la página web de Mike Porcel: https://mikeporcel.com/cds 

William Navarrete es escritor cubano residente en París. Esta historia fue publicada originalmente el 3 de agosto de 2021 0:00 am.

Mike Porcel, mas druida que nunca

por Zoe Valdes

 

La mayoría de ustedes conocerá la obra de Mike Porcel, uno de los más grandes trovadores, poetas, y músicos que ha dado Cuba. Poco a poco Mike ha ido grabando una obra esmeradamente cuidada y asentada, supongo que la finalidad sea darnos un enorme placer a quienes los seguimos desde hace décadas, y por supuesto, darse placer a él mismo. En lo que respecta a sus seguidores el reto se cumple una vez más. En lo que a él respecta sé cuán exigente es consigo mismo, y de ahí que nos asombre cada vez. 

En este disco titulado Déjà vu Mike Porcel regresa más teológico, filosófico, guardián del saber y de la sabiduría, un guerrero que mata con amor, y con amor nos reaviva, con un amor sencillo, transparente, como son los grandes amores; Mike Porcel regresa más druida que nunca, más excepcionalmente bueno que lo posible imaginado. 

Una canción acerca de su nacimiento, otra acerca de la muerte que es puro apego a la eternidad poética, que es la suya…

No pueden dejar de disfrutar de este disco, pleno de vida y de verdades, de guiños al pensamiento claro, de rejuegos melódicos provenientes de otras culturas que convergen siempre en la melodía única de la belleza. «Y el rumbo lo decida cada beso…», un fraseado, un verso tras otro nos prepara para esa sensación única satisfactoria de redescubrir una vez más a alguien tan cercano y querido, Mike Porcel, el poeta, el amigo martiano. 

El disco además lleva el diseño y la obra de otro grande de las artes y la pintura, Roberto Carril Bustamante, quien magistralmente supo introducirse en el mundo extraordinario de Mike Porcel y seguir habitando su íntima y propia grandeza. 

Sólo me queda invitarles a que escuchen fragmentos del disco aquí, que lo compren, porque comprándolo estarán adquiriendo un bien perpetuo. 

Zoé Valdés es escritora y artista. Fundadora y directora de ZoePost, Libertad de Prensa Foundation, y el MRLM (movimientomartiano.com)

 

 

El eterno ʻDéjà Vu’. Mike Porcel conversa sobre su nuevo disco 

El cantautor nos da detalles de su nueva producción discográfica que pronto estará a la venta en diferentes plataformas. 

Por JOSÉ LUIS APARICIO - 

11 junio, 2021 

A través de Telegram, con audífonos, en una tarde calurosa de mediados de año, he escuchado Déjà Vu, el nuevo disco de Mike Porcel, como si se tratara de un ritual secreto. Autoproducido por el propio artista e inédito aún (pero no por mucho tiempo), su intensa concertación de lo “ya visto” no se deja confundir, a pesar de los peligros, con lo “ya escuchado”, lo “ya oído”. Se abre ante nosotros (fragmentos de pasado) con el regusto familiar de un recuerdo nuevo. Mike, quien domina el acto de retornar con una mezcla de costumbre y misterio, sabe hacer de la experiencia un estado anacrónico, perdurable. Una estancia fuera del tiempo. 

Osado, lúcido, regresado de todo, pero aún conmovido por la belleza, Mike transita los senderos que van de la canción de amor (“Anabel… en luna nueva”, “Ella es agua que fluye”) a la tonada filosófica (“La muerte siempre a nuestra izquierda”, “El reto de la libertad”), de la autobiografía (“Abril 13”) al retrato del otro (“Tonada del buen Miguel”), de la serenidad ante el encuentro futuro (“Si te vuelvo a encontrar”) a su postergado desgarramiento (“Tú, al otro lado del mar”). La última frase que escuchamos no deja dudas en cuanto al saldo de estos vaivenes: “Señor, haz de mí un instrumento de paz”. 

En los instantes finales de su proceso creativo, Mike accedió a responder algunas preguntas sobre Déjà Vu y las circunstancias de su gestación. 

José Luis Aparicio 

 

Después de Intactvs, Personal y Echoes, ¿cómo surge Déjà Vu? ¿Qué lo define en relación con tus álbumes anteriores? ¿Por qué ese título? 

Déjà Vu surge de esa especie de necesidad interior que tenemos los artistas o los músicos, o de esa urgencia, en mi caso, de desempolvar esa parte de mi obra, esas canciones que han estado guardadas por años y nunca había podido mostrar. Porque, como bien dice Mario Andrade en su poema “Golosinas”: “tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora”. Con excepción de la “Tonada del buen Miguel”, las otras canciones que conforman el proyecto son prácticamente inéditas. 

Habían sido publicadas en el libro Tonadas y versos (editado por Carlos Espinosa Domínguez) como si fueran poemas, y eso vino a salvarlas de alguna manera. Aunque yo nunca las consideré poemas como tal. Cada una de ellas tenía su música. Esta selección inédita (nunca antes las había cantado en público) pertenece, casi en su totalidad, a un tiempo difícil de mi vida y recoge esas experiencias. Así decidí que había llegado su tiempo de volar y quise sacarlas de su confinamiento. Y, sorpresivamente, aquí están tan frescas como el día que nacieron. 

En Intactvs y Personal fui sacando a la luz, fundamentalmente, canciones que debí haber grabado años atrás, cuando nacieron. Las circunstancias de esos momentos no lo permitieron. Era como algo obligado que grabara “Diario”, “Ay del amor”, “Paloma sin nombre”, “Diálogo con un ave”, unque hay versiones excelentes de todas ellas, grabadas por otros colegas cantantes, ¿cómo irme de este mundo sin dejarlas grabadas por mí? Siempre estaré agradecido a todos los que las incluyeron en su repertorio. Fueron canciones underground, como su autor, que viajaban de boca en boca, y el hecho de que alguien las hiciera suyas es algo para no olvidar y siempre agradecer. 

¿Por qué titulé a este proyecto Déjà Vu? Siempre he tratado de buscar un título corto, sugerente, para mis discos. Un título que, al menos para mí, abarcara la propuesta general del proyecto. Por ejemplo, en Intactvs, utilicé esa canción con la que cierro el álbum. Fue el proyecto con el que rompí el hielo, el silencio de años de ostracismo, ¿y qué mejor título que ese para dejarle saber al oyente que Mike Porcel, el fantasma, el desaparecido, aún estaba vivo y, además, Intactvs? 

Con Personal pasó algo similar: es un proyecto donde muestro canciones sobre mi familia, mi abuela, mi niñez…Y el título era perfecto. Lo mismo con Ecos, aunque el subtítulo ya es más largo: Suite cubana para orquesta y banda rock. Pues así sucedió también con este. Como sabes, déjà vu es esa experiencia intuitiva que muchos hemos experimentado alguna vez. La expresión viene del francés y significa “ya visto”. 

Es esa sensación que despierta el recuerdo de un lugar en el que ya hemos estado, una persona que ya hemos visto o un acto que ya hemos realizado. Pues al seleccionar estas canciones, al trabajar los arreglos y grabar la voz, esta sensación fue una constante. Tuve en mente otros títulos: Abril 13, Barquero del sol (que me lo sugirió Roberto Carril Bustamante, quien hizo el diseño del disco), Aries 04.13, pero ninguno me satisfizo. Ninguno, a mi juicio, abarcaba el pulso secreto, invisible, que traía el proyecto y la selección de esas canciones. 

Creo que es buen título. Pienso que es suficientemente sugestivo como para desatar la imaginación del oyente también. Si así ocurriera, me sentiría satisfecho. 

Cuéntame sobre el proceso creativo del disco… ¿Cuándo empiezas a gestarlo, a grabarlo? ¿Qué colaboradores te acompañaron en este proyecto? 

El proceso creativo, de concepción del proyecto, comenzó hace más de un año. Me tomo mi tiempo para seleccionar las canciones que integrarán cada álbum. Esa es la primera parte. Esta selección es importante, porque es la que dará una especie de hilo conductor a la propuesta artística. 

A la vez, voy pensando en el arreglo que llevará cada canción. Esta es la parte más delicada. Las canciones ya existen. Nacieron para la guitarra o en la guitarra, porque algunas desde que surgieron ya sentí que trascendían el instrumento y necesitaban ser vestidas, orquestadas. 

Empecé a grabar los tracks a principios de este año. Toda esta primera parte del viaje la realicé en solitario. No fue hasta que terminé de grabar las guitarras, pianos y voces, cuando hice una premezcla, un rough mix, para tener una referencia de cómo sonaría cada tema, y entonces se la envié a Ricardo Eddy Martínez, quien asumió, una vez más, las mezclas definitivas. 

Producción, composiciones y orquestaciones son mías. El proyecto fue masterizado por Bruce Weeden. El diseño estuvo a cargo del artista cubano, residente en España, Roberto Carril Bustamante. 

Me dices que la mayoría de las canciones pertenecen a un período difícil de tu vida. ¿Te refieres a que fueron compuestas durante los nueve años de insilio forzoso, entre 1980 y 1989, cuando tenías prohibido salir de Cuba? ¿Cómo era la experiencia de componer en circunstancias tan adversas? ¿Qué se siente revisitar canciones marcadas por experiencias así de traumáticas? 

La mayoría de ellas, sí. Otras, durante mi estancia en España, que de alguna manera fue una extensión de aquel primer período. Claro, un poco más suave. Me refiero precisamente a que fueron compuestas, concebidas, en aquellos años de exilio interno. Son mis reflexiones en soledad convertidas en canciones sobre la vida: el valor de los afectos, la belleza de la amistad, la comprensión y aceptación de la muerte… 

La soledad es paridora de cosas y, en esas condiciones y circunstancias, componer es un alivio, una catarsis necesaria. Podían prohibirme y quitarme mi derecho a salir de Cuba, pero no a pensar, a interiorizar, a volcarme hacia mi interior, a seguir haciendo música, canciones. En el álbum se siente una experiencia déjà vu, un “esto ya lo he vivido antes”. 

Increíble. ¿Te das cuenta de que siempre terminamos hablando de lo mismo? 

Me agrada la variedad temática que despliegan las composiciones, que van de la canción amorosa (quizás tu sello más característico), a la filosófica, la de índole social y hasta la de cariz religioso, como la “Oración de San Francisco”. ¿Cómo estructuraste una selección tan ecléctica? 

La “Oración de San Francisco” fue de las últimas selecciones. Pertenece a aquella época en que encontré apoyo, trabajo y refugio espiritual con los sacerdotes y hermanos franciscanos de la Iglesia de 5ta Avenida y calle 60, en La Habana. Me pareció que debía estar en el disco como un bonus, un además. 

El proyecto termina realmente con “Vencidos y vencedores”, una canción que recrea libremente las andanzas del Quijote y de su fiel amigo Sancho Panza. Ante su señor moribundo, Sancho evoca el devenir de la rueda de la vida cuando le dice sabiamente: “No se muera vuestra merced, señor mío […] el que es vencido hoy será vencedor mañana”. 

Sí que es una selección ecléctica, como dices, pero incluso las canciones de amor están interconectadas con las más filosóficas, y eso lo fui descubriendo a medida que me metía dentro del proyecto. 

Muchos de estos temas, si bien no grabados de manera oficial, los había escuchado en tu programa “Después de tanta vida…” (1990, Radio Martí). ¿Qué recuerdas de ese proyecto? ¿Cómo describes la experiencia? 

La experiencia de aquella serie de programas, que grabé para Radio Martí estando en España, fue importante para mi autoestima, que venía un tanto estrujada por los nueve años en cautiverio. Fue gracias a mi querida amiga Norma Rojas, la esposa de Marcos Miranda, que trabajaba desde España para Radio Martí, grabando una diversidad de programas en su estudio de aquella buhardilla madrileña. Ella me propuso grabar una serie de programas con mis canciones. Fue una especie de renacer, además de mi primer sueldo importante en libertad. 

¿Cuándo será el lanzamiento oficial del disco? ¿En qué plataformas? ¿Tienes planeada alguna serie de conciertos para su promoción? 

El disco debe estar listo, Dios mediante, para la segunda o tercera semana de junio. Una vez que reciba los discos físicos empezaré a anunciarlo en mi propio sitio web, donde también estarán a la venta, tanto los CDs físicos como la posibilidad de hacer el download digital. Estará también a la venta en Amazon, Apple Music, Spotify y otras plataformas. No tengo pensado hacer conciertos ahora mismo, pero seguramente irán surgiendo las posibilidades. 

¿Cómo ha sido el diálogo más reciente con el público interesado en tu música? Sobre todo, luego de la exposición mediática que trajo Sueños al pairo. 

La aparición del documental Sueños al pairo, tuyo y de Fernando Fraguela, fue como un detonador, un despertar para muchos que pensaban que Mike Porcel, o se había retirado, o se había marchado de este mundo. Mostró una historia que aún seguía silenciada y que trataban, aún tratan, de seguir silenciando. Para una gran mayoría de personas fue el descubrimiento de una gran injusticia que se mantenía oculta tras años de distorsión de la verdad. 

Se han escritos decenas de artículos, comentarios, ensayos acerca del documental y la historia que cuenta, y el público que no sabía de mi existencia (en parte por los años de silencio y ostracismo, y también porque no hay muchos sitios que divulguen trabajos similares a los míos) empezó a indagar, a preguntar y a preguntarse: ¿quién es este “personaje fantasma” que resurge de pronto? 

Desafortunadamente, todo coincidió con la locura de la pandemia y quedó como suspenso en el aire. 

¿Cuáles son las ventajas de encargarte personalmente de la producción y distribución de tus discos? ¿Cómo se comporta el panorama de la canción de autor en los Estados Unidos, teniendo en cuenta las variables comerciales? 

Como todo, tiene sus ventajas y sus desventajas. El hecho de que toda la primera parte de la concepción y creación de un proyecto recaiga sobre mí es una gran responsabilidad que no he tenido más remedio que asumir. No podía seguir esperando por una casa discográfica que se interesara en publicar mi trabajo. 

La música popular a nivel mundial está en crisis. Bueno, el mundo en general está en crisis, en un intenso proceso de cambio. A finales de los años sesenta y en los setenta, la música popular pareció que iba a levantar vuelo con aquellos excelentes experimentos del rock progresivo y las canciones con textos bellos e inteligentes. Parecía que las viejas barreras entre la música popular y la llamada música “clásica” o de concierto iban a caer, a desaparecer de una vez y por todas. 

Pero no fue así. La mediocridad, el mal gusto, la grosería, el facilismo han triunfado una vez más, desenfrenadamente. Créeme que me hubiera gustado tener un equipo para hacer todo este trabajo de producción desde el comienzo. Seguramente los proyectos no hubieran tenido esas “fallas” u olvidos que, una vez terminados, empiezo a descubrir. Pero es así, este es el mundo en el que nos ha tocado vivir. 

Como te decía, cada vez hay menos espacios para mostrar trabajos, proyectos artísticos, aquí en los Estados Unidos, en Europa, dondequiera. Si fue difícil que una casa discográfica apoyara mi trabajo en los noventa, hoy es sencillamente imposible que esto ocurra. Los espacios para proyectos artísticos están controlados por la izquierda, que astutamente se ha ido apropiando del patrimonio y el control de la cultura y la educación. No se valora la calidad, sino la afiliación política. 

Es exactamente como en Cuba, la misma táctica. Controla la cultura, la educación, y controlarás las mentes. Sólo que, en este lado del mar, aún hay espacios; cada vez menos, pero afortunadamente existen. Igual sucede con los festivales de cine, tú lo debes saber bien: el control partidista es absoluto. Por suerte hay festivales independientes, como los que han exhibido al público Sueños al pairo, que les han permitido escapar de la censura. 

Mi obra, como te imaginarás, no entra en las consideraciones y planes de estos grupos. Esa es una realidad, triste pero cierta. Sólo queda disponible y sigue abierta a las nuevas propuestas la “inmensa minoría” de siempre. 

Para cerrar, ¿cómo evalúas la salud, el futuro, de la música y la canción cubanas de hoy? 

No sé si realmente existe una “canción cubana”. Creo que hay obras muy buenas de autores, compositores, pero no sé si podemos hablar de un movimiento. Creo que la Nueva Trova, y es una opinión muy personal, con su servilismo político, le ha hecho mucho daño a la música popular cubana. 

Creo que cuando se haga el estudio musicológico de todo este período, con total libertad y objetividad, sin caer en las trampas de los eslóganes del sistema sobre las “raíces” y demás falacias ideológicas, se pondrá cada cosa en su justo lugar. 

Siempre rechacé esos esquemas estéticos. De hecho, si los tomamos en cuenta, mi obra carece de esa “raíz”, de ese falso sentido de pertenencia a un origen. Va más allá de lo obvio que define al estereotipo de lo que es la “música cubana”. 

Yo no me siento desarraigado ni ando buscando y sopesando, para crear, cuán cerca o lejos estoy de lo que, según esos sabihondos, es ser un buen cubano. Yo sé lo que soy y eso me basta.

Recuerdo muy bien ese dia... 

 Beatriz Valdés 

Llegué temprano al teatro buscando a mi madre y la encontré molesta, agitada, impaciente. El ambiente estaba denso y los actores y técnicos que solían recibirme con cariño escandaloso, a penas me miraban. Nunca me había sentido extraña en el espacio que era como mi casa desde los 8 años cuando entré en el Taller Infantil de Teatro Estudio. En esos tiempos, estando yo por los 15 o 16 años, mi madre era la jefa del taller de costura del teatro, donde siempre reinaba la alegría y donde todos la querían…pero ese día la encontré, gordita y bajita como era, encimada a la enorme mesa de corte, tasajeando aquella tela como si quisiera cortar de raíz la razón que la indignaba. 

Extrañada, me escabullí al buró de Olguita, aquella súper abuela que dominaba cada rincón del teatro y me dijo en un susurro: 

__Ay mijita...esto está malo...muy malo. 

De pronto, Raquel salió de su oficina con aquel porte imponente que paralizaba a todos y pasó delante del taller de costura, pero al ver a mi madre adentro, regresó a asomarse a la puerta: 

__ ¿Tú no vas a la actividad María? 

__No Raquel, yo no voy. No cuenten conmigo para eso. Esa actividad no me gusta... 

PAUSA… 

__…Está bien...no vayas...no pasa nada. 

__Sí pasa Raquel, sí pasa. No está bien gritarle a la gente en la puerta de su casa. ¿Y a Mike, Raquel…? Eso es un abuso. ÉL no merece eso. Ni él ni nadie. 

__Lo sé María…mejor te quedas, igual la actividad es voluntaria. 

__Bueno...en este país, voluntario es lo mismo que obligatorio. 

Un silencio hondo quedó flotando en aquel lugar y supe entonces que ya no vería más a Mike...mi maestro. 

Yo tenía 8 años y él nos daba las primeras clases de guitarra de nuestras vidas y recuerdo nítidamente su sonrisa de ángel, mientras colocaba mis deditos asustados sobre las cuerdas, en aquel balcón enorme de La Casa de Línea donde nos reuníamos cada sábado. Nuestra maestra Leopoldina Núñez, maestra también de muchos músicos cubanos, lo amaba como un hijo, y a su vera, crecimos con Mike y sus canciones. 

“Ay del Amor” es la canción que más he cantado en mi vida. “Diario” ha sido el monólogo que mejor he defendido como actriz. “Pido” ha sido el himno que me ha permitido imaginar el mundo que merecemos y sigo creyendo que aquella frase: “El amor es tormento de uno, es la dicha de dos y es el odio entre tres…”  es el mensaje más tremendo que un pájaro pudo haberle compartido a un caminante... 

Dejé de ver a Mike por aquellos tiempos y viví con su música durante todos los días de mi vida. Me fui a conocer el mundo y allá fueron conmigo su música y mi guitarra. Celebré mis 40 años sobre el escenario, le regalé a Venezuela la música que hay en mí y ahí estaban las canciones de Mike tatuadas en mi historia. Y si alguna vez alguien me amó, fue también por escuchar mi voz repleta de los versos de Mike. 

Todos estos años después, lo he vuelto a ver en cada obra de teatro que él ha musicado de este lado del charco, pero jamás me he atrevido a hablarle. De lejos y a salvo de rubores, encontré el mismo ser angelical de mis tiempos de niña confirmando la razón de mi madre al llorar por él. 

Mike Porcel aparece hoy en la curiosidad cubana como un ejemplo más de una práctica vergonzosa e inhumana que sufrieron muchos como él, pero eso de reconocer el error sigue sin ser conveniente y es mejor hacer borrón y cuenta nueva con la habitual y deshonrosa censura. 

Qué pena que nos cueste tanto crecer y avanzar. 

¿Cuándo llegará el día en que “voluntario” no sea sinónimo de “obligatorio”? 

Marzo/25/2020

A proposito de "Suenos al pairo"

ROLANDO CARTAYA

Documental cubano Sueños al Pairo revela perversidad esencial del castrismo 
Mar 9, 2020 

La censura de un documental inscrito en la Muestra de Cine Joven de Cuba le ha explotado en las manos al Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, ICAIC, al ofrecer una resonancia inesperada a la cinta Sueños al Pairo, que revela algunos de los aspectos más siniestros del castrismo. 

El documental de José Luis Aparicio y Fernando Fraguela comenzó intentando rescatar la figura de un gran músico cubano que emigró a EEUU, Mike Porcel. 

Guitarrista, cantautor, compositor de música para teatro, actor él mismo, orquestador y fundador y director del emblemático Grupo Síntesis, Porcel tiene que haber sido descubierto por Aparicio y Fraguela, 40 años después de su desaparición de la escena cultural cubana, a través de canciones suyas que intérpretes osados siguen cantando en la isla como Ay, del Amor, Esa mujer que llega y Diario, que presta el título al filme con uno de sus versos: “Vivo con mis sueños al pairo, así, como siempre”. 

Pero la indagación de los cineastas, a quienes se dio acceso a los archivos fílmicos del ICAIC y que se comunicaron con el músico cubano en Miami, abrió a estos jóvenes una ventana sobre un pasado que no vivieron pero que tiene demasiados elementos comunes con el opresivo presente. 

Mike Porcel, Guitarrista, cantautor, compositor de música para teatro, actor él mismo, orquestador y fundador y director del emblemático Grupo Síntesis fue condenado a no salir del país por 9 años 

En 1980 Porcel decidió irse de Cuba por el puente del Mariel. Nunca fue del agrado de los dirigentes de la Unión de Jóvenes Comunistas que atendían el ya entonces dócil Movimiento de la Nueva Trova. Cuando ganó el concurso para la canción tema del Festival de la Juventud y Los Estudiantes de 1978, le encargaron otra a Silvio Rodríguez. Pese a la excelencia de su obra y su nivel interpretativo, no le dejaban grabar un disco, y le programaban para cantar en lugares alejados y sin público. 

Su decisión de ejercer su derecho universal de vivir donde le placiera fue el comienzo de una larga odisea revelada por el documental, y que incluyó muchos de esos elementos perversos que mencionábamos. 

Uno de los execrables actos de repudio desencadenados en Cuba ese año de 1980, como una recombinación castrista de la Revolución Cultural china y los pógromos fascistas, se escenificó frente a la casa materna de Porcel, duró una semana y contó con la participación de sus excompañeros de música, instigados por el cantautor Silvio Rodríguez. (algunos se han arrepentido, otros no). Los realizadores del filme desempolvan crudas imágenes de archivo de uno de aquellos “actos de reafirmación revolucionaria”, como los llamó el oficialismo. 

Luego vino la cruel medida de privar al músico de lo que más quería: recibió el kafkiano modelo C-8 del Ministerio del Interior comunicándole que “por ahora no puede salir del país”. Y esta fue seguida por la de convertirlo en una no persona durante nueve años, en los que Porcel vio virtualmente interrumpida su carrera y se ganó la vida tocando en iglesias católicas. Solo sus declaraciones en 1988 ante una delegación de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU que visitó Cuba consiguieron que le levantaran el veto. 

Fraguela y Aparicio han tenido el valor de mostrar, quizás por primera vez sin rodeos en el cine cubano, al responsable de la barbarie, de la que Mike Porcel fue solo una de las víctimas. Han tomado audios o imágenes de discursos de Fidel Castro descargando su intolerancia primero contra los jóvenes “elvispreslianos” (el rock estuvo por muchos años prohibido en Cuba) y luego contra las decenas de miles de cubanos que en el 80 se atrevieron a expresar su intención de irse (solo por Mariel abandonaron el país 125.000 en unos meses; en 1994 lo hicieron en balsas otros 35.000) 

El documental ha generado una encendida polémica en ambas orillas del Estrecho de la Florida, pero el asunto no debe verse como historia antigua, sino como raíz y metáfora del presente. Todavía los actos de repudio son una herramienta de la Seguridad del Estado; todavía los artistas contestatarios y todos los que disienten o critican son reprimidos, se les prohíbe expresarse libremente y viajar, se les encarcela, amenaza y hostiga; se les expulsa de sus trabajos o escuelas. 

El castrismo sin Fidel Castro, aunque más atribulado y desacreditado que en 1980, sigue siendo igual de intolerante y de siniestro. Es muy saludable para Cuba que, a pesar de 60 años de adoctrinamiento, haya jóvenes cubanos que puedan indagar bajo su piel de oveja, y estén dispuestos a desenmascararlo como el lobo que todavía es.

 

JOSE A. EVORA

"No quieren que el mundo vea": Mike Porcel y el documental censurado por el ICAIC 

febrero 28, 2020 

La idea del documental fue inicialmente su obra artística y luego derivó en los sucesos de Mariel "y toda esa época terrible de mi vida”, dice Mike Porcel. 

La idea del documental fue inicialmente su obra artística y luego derivó en los sucesos de Mariel "y toda esa época terrible de mi vida”, dice Mike Porcel. 

Ver comentarios 

Después de recibir en Miami varios mensajes de texto que lo alertaron, el músico y trovador cubanoamericano Mike Porcel confirmó en Facebook que la censura del documental Sueños al pairo, de los realizadores José Luis Aparicio y Fernando Fraguela, provocó la suspensión en La Habana de la Muestra Joven 2020. 

El hecho no tendría mayor relevancia si no fuera porque Porcel es el protagonista del documental. El título es una frase de su canción Diario. Aparicio y Fraguela lo contactaron inicialmente hace tres o cuatro años, dice Porcel, cuando todavía eran estudiantes. 

“Realmente me sorprendió: que gente joven, como dos generaciones por lo menos por debajo de mí, se interesaran, pero me parecían unos muchachos decentes y ahí empezamos el contacto”, le dijo Porcel el jueves a Radio Televisión Martí. “Y poco a poco fui descubriendo que no me equivocaba, que eran unas personas excelentes, personas decentes”. 

Al cabo de una exitosa carrera en los grupos Los Dada y Síntesis; de trabajar como director musical de Teatro Estudio, y de haber ganado con En busca de una nueva flor el concurso para la canción tema del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que iba a celebrarse en Cuba en 1978, Mike Porcel y su familia fueron sometidos en 1980 a actos de repudio y él estuvo condenado al ostracismo durante casi una década. 

En esta foto de 1969, Mike Porcel (izq) junto al bajista Raúl Pastora en Los Dada. 

En esta foto de 1969, Mike Porcel (izq) junto al bajista Raúl Pastora en Los Dada. 

La causa: haber querido irse de Cuba a Estados Unidos por el Mariel. 

El anuncio oficial de la suspensión de la Muestra Joven 2020, publicado el jueves por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), no hablaba de censura: ocurre, dijeron, porque querían “crear mejores condiciones para su realización y analizar diversos temas de trabajo en un ambiente apropiado y con el tiempo necesario”. 

La Junta Directiva de la Muestra fue más explícita: Sueños al pairo “ha sido censurado por la Presidencia del ICAIC debido a diferencias políticas e ideológicas”. Y en su declaración informó también que se retiran de la Muestra “las obras Umbra, de Daniela Muñoz Barroso; El amor de las cucarachas, de Regis Guedes, y Los puros, de Carla Valdés León”. 

Lo primero que hicieron los directores del documental fue enviarle por email un cuestionario que él respondería como si estuviera frente a un periodista, explica Porcel. Entonces él grabó sus respuestas, solo en audio, sin imágenes, y se las envió. 

“Me llamó la atención que en base a las respuestas, a los comentarios míos, iban a construir todo el documental”, cuenta el músico y trovador cubano. “Lo grabé en un tape recorder digital, y ahí mismo se lo mandé todo. Usan esa grabación en el documental todo el tiempo”. 

Mike Porcel: "No quieren que el mundo vea" 

Porcel se apresura a explicar por qué no pudieron entonces tener una conversación frontal con él. 

“Bueno, imagínate, hubiera sido necesario que yo fuera allí, cosa imposible, porque a mí me… yo no voy allí”, comenta. “Imposible también que ellos vinieran aquí por falta de presupuesto, por falta de todo. Entonces se les ocurrió esa idea; muy creativa, por cierto”. 

Cuenta que ya vio el documental, y que “cinematográficamente es excelente”. 

“El camino que ellos iban a tomar al principio era más sobre mi trabajo artístico”, manifiesta el trovador. “Pero el documental fue derivando… parece que por… quizás ellos fueron encontrando que ese era el camino real que querían tomar, y fue desviándose por narrar o describir todo lo que fue el periodo de Mariel, los actos de repudio y toda esa época terrible de mi vida”. 

Fechada el 21 de mayo de 1980, a Porcel le pasaron por debajo de la puerta de la casa de sus padres –donde estaba unida toda la familia después que los hicieron regresar del Círculo Social Obrero Gerardo Abreu Fontán, antesala del puerto de Mariel-- la carta leída en el acto de repudio que el Movimiento de la Nueva Trova y el Comité de Defensa de la Revolución (CDR) organizaron y cometieron allí durante una semana. 

“Vete y piensa que adonde quiera que vayas te seguirá nuestro odio”, decía la carta. Su hijo, entonces de ocho años, estaba aterrorizado. 

En esta imagen de 1978, el músico y trovador con su hijo Charlie, que menos de dos años después quedaría "aterrorizado" por los actos de repudio a su padre. 

En esta imagen de 1978, el músico y trovador con su hijo Charlie, que menos de dos años después quedaría "aterrorizado" por los actos de repudio a su padre. 

“El documental está muy bien hecho”, dice Porcel. “El final es impactante realmente, no para mí… yo cuando me veo no recibo lo que recibe el espectador, pero sí mi hijo y un par de amigos que lo han visto reciben una carga dramática… deja como una tristeza de ese periodo, y devela cosas que nunca se habían dicho". 

Sus comentarios son la voz de fondo del documental, explica. 

“Supuestamente les censuran el documental, dice el ICAIC, no porque hable de mí –o sea, parece que ya no esta tan prohibido hablar de mí--, sino por como ellos describen todo el periodo de Mariel: históricamente, ideológicamente no están de acuerdo. [Aparicio y Fraguela] utilizan imágenes de archivo que el propio ICAIC les autorizó usar: los actos de repudio, los discursos de Fidel [Castro]”. 

Inicialmente, informó la Junta Directiva de la Muestra en su nota, el ICAIC dio permiso a los realizadores para acceder a las imágenes de su Archivo Fílmico, pero luego se lo negaron. Hubo discusiones durante 13 días, y la presidencia del ICAIC no cedió. Fue entonces cuando otros participantes decidieron retirarse en solidaridad con los censurados. 

Lee también En la historia de Cuba, un día como hoy: Éxodo del Mariel 

“Ahí lo que se nota es que el creador y el inventor de toda aquella barbarie fue él [Fidel Castro], y es lo que ellos no quieren que el mundo vea. La imagen santificada de Fidel estará santificada por muchos años”. 

Usan muchas fotos suyas, incluso familiares, y también entrevistas “de ex compañeros y compañeros de música que todavía están allá” en Cuba, dice Porcel. “El único momento en que yo aparezco es al final, y digamos que los últimos tres, cuatro minutos aparezco yo y es lo que cierra el documental”. 

No es la primera vez que el ICAIC ejerce la censura de una forma tan groseramente política. Viene ocurriendo desde los documentales de Nicolás Guillén Landrián, sobre todo Coffea Arabiga (1968), hasta hace muy poco, en marzo de 2018, cuando impidieron que se exhibiera Quiero hacer una película, de Yimit Ramírez. 

A los que retiraron sus obras de la Muestra inicialmente se sumó Carlos Lechuga, director de Generación. Las muestras de apoyo, tanto a los directores de Sueños al pairo como a quienes se solidarizan con ellos retirándose de la Muestra, han venido multiplicándose. 

"Vivo/con mis sueños al pairo/así como siempre/sigo siendo lo mismo que en aquel entonces/una oveja perdida, un poco más viejo o no sé/tal vez más inocente", dice Porcel en la canción de la que sale el título del documental. 

"No contentos con querer destrozarlo en Cuba, aún en la distancia siguen persiguiendo a Porcel", escribió en Twitter el realizador cubano Camilo Hernández. "Pero esa pelea está perdida desde 1980, y lo saben. Mike vive en paz, ellos son unos infelices".

 

LUIS ALBERTO GARCIA

2:00 am. No puedo dormirme. Acabamos de ver “Sueños Al Pairo”. Es un acto de justicia. Es un acto de justicia poética. 

Mi muchacha, que nació en el 85, “se desayunó” con imágenes durísimas  que las cámaras raptaron para siempre antes de que la parieran. El cine tiene esas cosas. 

Ella tampoco puede creerse los trozos de discursos ni de la carta que se muestran. 

- “¿ Y eso fue así? ¿Ésas cosas pasaron?” 

- “Ujum” 

Casi puedo adivinar por sus reacciones, por qué hay quienes apuestan por la desmemoria. No quieren que los jóvenes sepan, indaguen, cuestionen, revisen, critiquen. Tierra y pisón. 

Salgo a mi remedo de terraza a fumarme dos cigarros seguidos y tragar bilis. 

Tendrían que pedirle disculpas (las acepte o no, las desee o no) a mi Cat Stevens tropical. 

Pero sucede que los que odian a tiempo completo no quieren hacerlo. Tampoco los que se cuidan. No les veo las intenciones. 

Y bajo el sofá de la casa de todos siguen acumulando la basura escondida, que es ciertamente dolorosa, pero que merece ser aireada para que no se reproduzca ni se clone ni apeste. 

No les importa. 

Ciegos de poder y de rabia también aquí. 

Me desperté a las 5:00 am. 

Sin sueños. 

Pero ya sé qué voy a cantarle a mi novia, que es de un pueblito de otra provincia: 

“¡Campesina déjame volver! 

¡Qué mi canción se pierda 

entre tus ojos campesina! 

¡Que mi esperanza duerma en tu rosal 

para seguir tu huella mañanera 

campesina! 

Hasta que el viento de tu amor 

me limpie el alma de abrojos 

y así, prendido a tu candor 

me lleves siempre a tu antojo. 

Campesina vuelve a renacer 

que no se pierda nunca 

el romancillo de tu aroma, 

florecida, campesina… 

¡campesina! 

Y decirle: “apréndetela, es de Mike Porcel. Está vivo y ya peina canas. 

Cantó, canta y cantará. Enséñasela a las niñas si no me alcanzara el tiempo. 

 

JOSE LUIS APARICIO

José Luis Aparicio habla sobre la censura de ‘Sueños al pairo’ 

Por RIALTA STAFF - febrero, 2020 José Luis Aparicio 

El pasado 26 de abril la Junta Directiva de la Muestra Joven del ICAIC publicó en su cuenta de Facebook la selección oficial de las obras que conformarían el programa de exhibición en su edición de 2020. Al final de la lista, que relacionaba la distribución de secciones y filmes, una nota hacía constar que el documental Sueños al pairo, de los realizadores José Luis Aparicio Ferrera y Fernando Fraguela Fosado, había sido separado de la Muestra, por decisión de la Presidencia del ICAIC, “debido a diferencias políticas e ideológicas”. De inmediato, el texto agregaba que la determinación fue litigada sin éxito durante trece días y que, en consecuencia, en franco acto de protesta, se retiraban del evento las obras Umbra, de Daniela Muñoz Barroso, El amor de las cucarachas, de Regis Guedes, y Los puros, de Carla Valdés León. 

No más empezara a divulgarse en las redes el suceso, se replicaron mensajes de apoyo a los jóvenes censurados y de repulsa hacia la Institución que proscribía. A aquellos colegas que habían decidido autoexcluirse de la Muestra, se sumaron de a poco la realizadora Lisandra López Fabé, una de las creadoras del recién galardonado Brouwer. El origen de la sombra; Josué García Gómez y Marcos Alejandro Yglesias Ravelo, autores de ese último documento sobre el exilio cubano de los noventa que es 35 permutaciones en tres actos y un epílogo –elegido además con otras dos obras de García Gómez–; y el cineasta Carlos Lechuga, que participaba con el cortometraje Generación, que codirige junto al también artista plástico Marco A. Castillo. 

Aunque la Presidencia del ICAIC sólo ha anunciado la postergación de la Muestra con razones elusivas que harían pensar antes en anomalías logísticas de rutina, varios medios independientes y voces públicas atribuyen el episodio a la presencia de imágenes de Fidel Castro arengando contra las conductas “enfermas” y “elvispreslianas” de los jóvenes, y a la exposición de los actos populares de repudio que acompasaron la condena al ostracismo del cantautor cubano Mike Porcel, expulsado del Movimiento de la Nueva Trova y retenido en Cuba por años tras intentar emigrar durante los días del éxodo masivo por el puerto del Mariel en 1980. 

Porque se trata, en efecto, de un práctica acostumbrada y extendida al interior de las instituciones de la cultura en Cuba, y vuelve a ser el evento de los jóvenes realizadores el blanco del régimen disciplinario y normativo del ICAIC que prohíja y sanciona; porque otra vez se ponen en evidencia las incongruencias y limitaciones de una política cultural gubernamental que dice propiciar el ejercicio de los derechos a cambio de una ética del deber basada en una ideología política y en expresiones redituables de concordia; porque aún está por definirse el curso no sólo del evento 

joven del ICAIC, sino los términos y pautas de una negociación que puede ser extensiva al resto de los artistas y escritores que han aprobado años tras años axiomas demodé para encauzar su supervivencia al interior de un sistema coercitivo y arbitrario; es que hemos querido acercarnos al suceso desde la voz de uno de sus protagonistas. 

José Luis Aparicio Ferrera ha accedido a conversar sobre el proceso de producción de Sueños al pairo, las derivas del material desde que fuera un proyecto de grado en el ISA, los primeros censores, los segundos, sobre la relación entre el ICAIC y la Muestra Joven, la autonomía de esta, la indocilidad de sus participantes ante la censura, y su personal visión sobre el cine independiente. Reproducimos aquí algunas de nuestras preguntas y sus respuestas. 

En un artículo firmado por Joel del Río sobre la censura de la película se dice que Sueños al pairo era el trabajo que tú y Fernando Fraguela habían realizado para titularse de la FAMCA, pero que, debido a la censura, tuvieron que emprender otras obras de ficción para el ejercicio de grado. ¿Es cierto esto? ¿Hubo censura desde el comité académico o el tribunal de la institución docente? ¿Cuáles fueron sus argumentos? 

Sueños al pairo comenzó como ejercicio de clases cuando Fernando y yo cursábamos el tercer año de la FAMCA en el ISA. Fue un proyecto aprobado académicamente y del que realizamos una versión de trece minutos para pasar de año. Sentimos entonces que no estaba todo dicho y empleamos cuatro años más para profundizar en la investigación y seguir acumulando material. Cuando llegó el momento de graduarse, Fernando eligió el documental sobre Mike Porcel, en versión ampliada, y yo presenté mi corto de ficción El Secadero. Ambos proyectos fueron censurados por la nueva dirección de la Facultad luego de haber sido aprobados en primera instancia, pues nuestra graduación coincidió con un cambio en el decanato. La nueva administración desaprobó nuestras obras en proceso, por lo que Fernando filmó un nuevo documental titulado Las desdichas de un hombre y a mí me fue permitido graduarme con un trabajo de cuarto año, mi corto de ficción Summertime. La censura vino directamente de parte del decano de la Facultad, no fue consultada con ningún comité académico. Además, se llevó a cabo con la desaprobación de los más prestigiosos profesores del claustro. Los argumentos, ambiguos, giraban en torno a la pertenencia o no de las películas a la política editorial de la Facultad. 

¿Qué grado de independencia con respecto a las instituciones, al ICAIC, al ISA, tuvo la realización y producción de Sueños al pairo? 

Nuestro documental es una obra de producción independiente, básicamente llevada a cabo por Fernando y yo, contra viento y marea. Tuvimos también la importantísima ayuda de Daniel García Rangel, actor y músico cubano, quien fungió como Productor Ejecutivo, y de la productora independiente cubana Estudio ST. El 

proyecto participó en la edición de 2017 de la Muestra Joven, en la sección Haciendo Cine para proyectos en desarrollo. Allí recibió el apoyo del ICAIC para acceder a sus archivos fílmicos. También fue ganador de una de las ediciones del Fondo Noruego para el Cine Cubano. 

En la nota al final de la publicación de la selección de la Muestra se dice: “El filme ha sido censurado por la Presidencia del ICAIC debido a diferencias políticas e ideológicas. Dicha obra había participado en la décima edición de Haciendo Cine y contó con el apoyo del Instituto para acceder a las imágenes de su Archivo Fílmico. El derecho al uso de estas imágenes ahora les ha sido denegado a los autores.” Llama la atención ese distanciamiento y desmarque de la Junta Directiva de la Muestra Joven (firmante de la publicación), cuando emplaza a la Institución, con esa alusión en tercera persona a “la Presidencia del ICAIC”, como el principal agente de la censura, y cuando apunta la incongruencia (por decir lo menos) de que el filme había sido apoyado previamente por esta para su realización. ¿Habla esto de cierta autonomía del evento? ¿Cómo se entienden esas incongruencias al interior de la Institución a propósito de Sueños al pairo? 

La Muestra Joven siempre ha tenido una autonomía simbólica en relación con el ICAIC. Es uno de los pocos eventos de este país que se realiza por aquellos a quienes está destinado: los jóvenes realizadores. Un grupo de estos, en representación del resto, a veces sin recibir un salario por su labor y en franco amor al cine cubano, organiza año tras año un festival extremadamente inclusivo con proyecciones, debates, talleres, clases magistrales y una publicación especializada. Es por eso que tiene la potestad moral de declararse en contra de estos actos de censura, pues aceptarlos significaría invalidar el evento, su razón de ser: representar el sentir de los cineastas y ser consecuente con sus propuestas artísticas. No considero lo anterior algo extraordinario: en buena lid, así debería ser siempre. Las instituciones deben responder al gremio o sector por el que existen. La dinámica inversa es absurda. Hasta aquí hablo por la Muestra, de la que me siento parte. No alcanzo a responder por las incongruencias del ICAIC. 

Varios de los cineastas inicialmente aprobados para participar en la Muestra retiraron sus películas en señal de protesta contra la censura impuesta a Sueños al pairo. Hay en ello uno de los gestos más irreverentes y enfáticos en una ya larga cadena de manifestaciones de rechazo, inconformidad, interpelaciones, condena, hartazgo, contra los actos de censura que la Institución Cine comete inmunemente en la Isla contra los realizadores, sobre todo, cuando se trata de uno de los eventos más vapuleados por los órganos gubernamentales de la cultura, la Muestra Joven. ¿Cuánto ha escuchado la institución esos reclamos? Así como dialogaron a propósito de Sueños al pairo lo han hecho en mayor o menor medida otros años por otros casos, pero ¿qué resultas hay de esas discusiones si se siguen repitiendo las imposiciones normativas, jurídicas, ideológicas a las obras que participan de sus eventos? ¿Qué han ganado los jóvenes con esa Ley de Cine que se aprobó hace poco? 

Es temprano aún para evaluar la respuesta de la institución, más allá de la decisión de posponer la Muestra hasta nuevo aviso. Sí considero importantísima y muy hermosa la reacción del gremio y buena parte de la intelectualidad en las redes sociales. Esos realizadores que retiran sus obras en rechazo a nuestra censura están sentando un precedente fundamental. Creo que habla de un estado de cosas bastante precario y deteriorado, donde se han agotado las posibilidades del diálogo y es preciso hacer más evidente nuestra posición. Aceptar la censura del otro es aceptar la posibilidad de la censura propia. Los cineastas que retiran sus obras no sólo lo hacen en solidaridad: es un gesto de coherencia y responsabilidad con la actualidad y el futuro de nuestro cine y de nuestra cultura. Es un debate impostergable ahora que se está poniendo en marcha el Decreto Ley 373 (que no es una Ley de Cine, aclaro). ¿Dónde están los límites de nuestra independencia, de nuestra libertad creativa? ¿Hasta qué punto son fértiles estos intentos dentro del campo institucional? Son, si se fijan, los debates postergados de siempre. 

Con todo lo que sucede y ha sucedido (y por suceder), ¿crees que sea el cine independiente (independiente del ICAIC), el único vehículo o medio o fórmula de producción para el cine más inquieto, más político, más cuestionador, más incómodo al Poder en Cuba? 

Creo que la respuesta es obvia. Sólo se puede ser verdaderamente cuestionador desde la independencia. Sólo se puede ser verdaderamente inquietante si no tenemos camisas de fuerza. Un cine independiente en forma y contenido, como siempre le he oído decir a Miguel Coyula. No significa que todo cine independiente tenga esas características, pero sí las encuentro en el que me interesa, incluyendo el cine de Fernando Pérez, un maestro que filma con el ICAIC, aunque también se ha lanzado en ocasiones al mundo de lo independiente. La independencia que me interesa, sin ser ingenuo al respecto, no radica en las fuentes de financiamiento de las obras, sino en sus decisiones estéticas, artísticas. Es necesario revisar la historia de la nación desde otras miradas, más cercanas a las nuevas generaciones. Sólo así podremos comprender el país que tenemos para hacerlo avanzar. Siempre recuerdo a Julio García Espinosa: “un país sin imágenes no existe”. Hay un país latente que no existe si no lo ponemos en imágenes. Es nuestro deber.

 

ERNESTO HERNANDEZ BUSTO

COMENTARIO 

Cubanos: tan lejos de la libertad, tan cerca de la censura 

La censura a un documental en la isla demuestra que el gobierno no ha cambiado, sigue custodiando las vidas y la historia del país. Pero sí cambió algo: ahora los jóvenes creadores defienden la libertad. 

Por Ernesto Hernández Busto 

El autor es escritor cubano. 12 de marzo de 2020 

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BARCELONA — ¿A quién pertenecen las imágenes de un archivo documental que muestra escenas históricas de una nación? ¿Se trata de un metraje con copyright o del patrimonio visual de los ciudadanos? En un país como Cuba, cuyas autoridades parecen incapaces de aceptar otra lectura del pasado reciente que no sea la del departamento ideológico del Partido Comunista, estas preguntas son ineludibles. Y han aflorado estos días a propósito de la censura que el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) impuso a los realizadores José Luis Aparicio Ferrera y 

Fernando Fraguela Fosado al desautorizar el uso de las imágenes de archivo para su documental Sueños al pairo, que debía presentarse en la Muestra Joven, vitrina y vivero de la cinematografía independiente en la isla. 

El ICAIC censuró a Sueños al pairo debido a “diferencias políticas e ideológicas”. En vez de abundar sobre tales diferencias, la institución prefirió recurrir a un subterfugio legal: “La autorización o no del uso de materiales protegidos por el derecho de autor y la propiedad intelectual es una práctica a la que permanentemente se enfrentan los productores de obras audiovisuales”, puntualiza en una nota del 28 de febrero. Y añade: “El documental no cuenta con las autorizaciones y licencias del titular de las imágenes de archivo para presentarse en foros de exhibición nacionales o internacionales”. 

Sueños al pairo revisa la biografía del cantautor Mike Porcel, una de las figuras fundamentales de la Nueva Trova cubana, quien, tras presentar una solicitud de salida del país durante el éxodo del Mariel, en 1980, fue repudiado, recluido y silenciado ocho años. Fue hasta 1989, por una gestión del Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, que Porcel consiguió salir de la isla y reunirse con su familia.

 

EMMANUEL MARTIN HERNANDEZ

“Ese Lumpen Marielito Mike Porcel”  

 27 Feb 2020 - 6:57pm 

El cine cubano parece siempre estar sujeto a la influencia política. La política o lo que se genera en torno a las producciones audiovisuales cubanas excita y exorciza a un gran porciento de los cineastas cubanos y críticos e intelectuales, inclusive a los cubanos de la emigración. 

Películas cubanas que no hablan de política, aunque sean más sutiles en su forma “de decir” o “plantear la trama”, pasan desapercibidas, tanto por la aceptación o renuncia pública del ICAIC (Instituto Cubano de Artes e Industrias Cinematográficas), como por críticos e intelectuales, y muchos cineastas cubanos trasnochados. 

Puede creerse que se puede ser otro tipo de artista, músico, pintor, teatrólogo o bailarín, y sortear este camino agreste y pendenciero de la política artística o el arte político. Pero, acabando de ver un reciente documental, “Sueños al pairo” (32 min, Cuba, 2020, Dir: José Luis Aparicio y Fernando Fraguela), sobre el músico cubano Mike (Miguel) Porcel (La Habana 1950), me vuelvo a enterar que no es así, que inclusive los artistas que no quieren “jugar en la política” son tocados por los tentáculos de ésta. 

En el documental me entero por primera vez de algunas líneas más del discurso de Fidel Castro en el año 1980, cuando se estaba produciendo el “Éxodo del Mariel”, esa frase altisonante que salió en el inicio del gran filme “Scarface” (Dir: Brian de Palma, 1983): “… No los queremos, no los necesitamos”. 

La frase comienza mucho antes: “… Es que la obra de una revolución y la construcción del socialismo es una tarea de hombres y mujeres libres, absolutamente voluntarios. Ese es este pueblo, no el pueblo de los lumpen que se metieron en la embajada del Perú. Pues esos lumpen quieren su salvoconducto, ¿qué vamos a hacer, por qué se lo vamos a negar? Quién no tenga sangre revolucionaria, genes revolucionarios, una mente que se adapte a una revolución, quien no tenga un corazón que se adapte al esfuerzo y al heroísmo de una revolución, NO LOS QUEREMOS, NO LOS NECESITAMOS…” 

El documental utiliza muchas imágenes de archivo, obtenidas en general de los Noticieros ICAIC Latinoamericano. Esto no demerita la labor investigativa del realizador, es un método archiconocido de materiales como NOW, de Santiago Álvarez, o el documental de Martin Scorsese sobre Bob Dylan, “Not direction Home”. 

Por el documental pasan una gama bien elitista de músicos cubanos: Pedro Luis Ferrer, Frank Fernández, José María Vitier, Frank Delgado y Amaury Pérez (La Habana 1953). ¡Es una verdadera gozadera ver a Amaury Pérez! Y es bajo su testimonio donde se confirma la idea del inicio: “…y cuando Mike graba mi primer disco (Porcel fue el director musical del disco de 1972 de Amaury) me llamaron y me dijeron Mike es un contrarrevolucionario porque no puso ni tumbadoras ni bongoes en el disco… Y nos mandaron a un consejo de trabajo al zoológico a alimentar leones, la gente de la UJC de entonces… ¿Qué le pasa a esta gente, están locos?”. 

Mike Porcel en 1978 fundó Sintesis con Carlos Alfonso; Sergio María Vitier tocaba el teclado eléctrico. Era el año del Festival Mundial de La Juventud y los Estudiantes en La Habana. “Un año de cierta apertura, de otra manera no creo que el Proyecto se lograra materializar. La estética vocal de Carlos tenía influencia de la música norteamericana, eso era inadmisible para la dirigencia cultural”, cuenta Mike. Porcel abandona Síntesis rápidamente por desavenencias con sus compañeros. 

La canción tema del Festival Mundial la compone Mike y “alguien dijo que la canción de Mike era una canción floja, para mujeres”, cuenta Amaury. “A mucha gente le pareció la canción poca combativa”, cuenta Frank Fernández. A Silvio Rodriguez, el Dios, se le encarga que componga otra canción más heroica y el disciplinado gran trovador la compone. 

Mike decide irse en el Éxodo del Mariel, pero no le aceptan la salida. Es confinado en su casa y sufre actos de repudio. Mike cuenta que el “sitio” a su casa duró una semana. Entones revela algo verdaderamente significante, al menos, en este documental, y con esto que revela Mike, pone en relieve y contextualiza las figuras de esos grandes Divos de la Nueva Trova Cubana: “…en esa semana me echaron por debajo de la puerta de la casa un panfleto firmado por los integrantes del Movimiento de la Nueva Trova…” 

Esos, sus compañeros, Silvio, Pablo, Sara, Noel, etc.; aunque Pedro Luis Ferrer ni Amaury Pérez estuvieron en la elaboración del panfleto. Lo que dice el panfleto puede ser leído con integridad en el documental y todo lo demás que cuenta Mike es verdaderamente infame y bochornoso. 

Al final sus realizadores sacan una fina y sutil espada de Damócles y escriben: 

“las siguientes personas fueron contactadas para aparecer en este documental: 

Carlos Alfonso 

Silvio Rodriguez 

Pablo Milanés 

Argelia Fragoso 

Alberto Falla” 

Silvio tuvo la oportunidad de redimir su culpa en torno a Mike Porcel en el documental de Fraguela y Aparicio, pero no lo hizo, NO. Él prefiere dar entrevistas al expresidente Rafael Correa o aparecerse con el Divo Maradona, o dar conciertos gratuitos por los barrios (creyendo que sólo con eso va a aliviar y mejorar el día a día de esos moradores). 

Charles Bukowski decía que Jhonny Cash no podía hacer nada por esos hombres presos que él iba a darle conciertos a la prisión, que lo mejor que se puede hacer por un hombre preso es darle la libertad y punto. 

Mike Porcel parece que, en términos musicales, era muy bueno, demasiado bueno y diferente para encajar en el quehacer artístico de esa época. Mike, al parecer, quería crear a su antojo sin tema político en su arte. 

Y pagó con la desidia, el ultraje, el rechazo, por ser diferente como artista. Mirando las viejas imágenes de Mike Porcel, puedo hasta pensar que Silvio le tenía envidia, Porcel era un hombre apuesto. 

Mike era demasiado bueno para ellos, lo cual también me recuerda el caso de otro artista cubano que al parecer era demasiado bueno, el cineasta Nicolás Guillen Landrián. Luego, se ha dicho que “ese negro” era cleptómano y mitómano, y mariguanero y borracho; claro, ese negro era tan bueno que había que hablar mal de él y había que hacer que se fuera del país. Esos lumpen no los queremos. 

El documental “Sueños al pairo” abre viejas heridas que parecen no han cicatrizado bien con el tiempo. Pero, la víctima principal de esta historia parece vivir en paz. Confiesa ha perdonado a todos, no siente rencor. Vive tranquilamente con su esposa en Miami, asilo de muchos cubanos artistas. 

Esos lumpen, que casi todos los meses hacen recarga de celulares a móviles de Cuba, a sus familiares y amigos, y hacen envíos de remesas, que significan posiblemente el mayor ingreso financiero de nuestro país. A esos lumpen, Martí les pidió dinero para la causa revolucionaria, y Fidel también.

 

JORGE DALTON

"Los bueyes con que aramos se deben cambiar". 

A Santiaguito Feliú 

Corre la noticia que el documental “Sueños al pairo”, de los jóvenes realizadores cubanos José Luis Aparicio Ferrera y Fernando Fraguela, ha sido censurado por la Dirección del ICAIC. No solo eso, también la dirección del ICAIC ha decidido posponer la celebración de la MUESTRA JOVEN. Una suspensión que como bien dice el crítico  Juan Antonio García Borrero, significa un fracaso que  afecta a todos, sin excepción. 

Me imagino que las razones que han llevado a este nuevo hecho lamentable de censura sea  que el documental de Aparicio y Fraguela, trata sobre los oscuros  acontecimientos que llevaron a borrar de por vida del ámbito cultural cubano, al destacado cantautor Mike Porcel  por el simple hecho de abandonar  Cuba y por no estar de acuerdo. El “no estar de acuerdo”, diferenciarse, diferir, discrepar, disentir acerca de,  disentir sobre o no compartir la misma idea, como bien lo describe la Real Academia de la Lengua,  en Cuba ha significado durante estos largos años, toda una condena. 

No solo se borró su nombre y su obra, sino que se aplastó sin piedad a un buen hombre, a una excelente persona y a un gran poeta. No bastaron  los “Mítines de repudio”, una práctica  aborrecible, cobarde y miserable  engendrada en nuestro suelo patrio para enfrentar  cubanos contra cubanos, algo de verdad siniestro  que  abogo por que  algún día  se elimine para siempre de la faz de Cuba por el bien de nuestros hijos y nietos. 

No bastó eso sino que amigos y colegas de Mike Porcel se prestaron para ese linchamiento colectivo. Linchamientos estalinistas que han sido de las cosas más deprimentes que han pasado en la Cuba contemporánea y por ende es una verdad que necesitamos saber todos, reflexionar, debatir  para podernos curar. 

El documental “SUEÑOS AL PAIRO” que he tenido el privilegio de ver,  está  bien contado  y  bien construido  sin la más absoluta manipulación. No persigue objetivos vengativos ni revanchistas, es una obra cinematográfica documental que hace  justicia a ese buen hombre y pone al descubierto una verdad muy necesaria por muy dura que sea. No hay nada que se diga en este documental que sea incierto. Eso está  presente desde el primer fotograma, apoyado también por los  testimonios de  Amaury Pérez Vidal, José María Vitier García-Marruz,  Frank Fernández, Pedro Luis Ferrer Montes entre otros, todas figuras importantes del ámbito cultural cubano. Además  esta obra cuenta también con la asesoría de Fernando Pérez  el cineasta cubano a quien yo considero  la más grande autoridad cinematográfica cubana del presente. 

La película contiene  momentos conmovedores y sobre todo muy desgarradores, una película construida a partir de la emoción y no de la pasión, una verdad sumamente dolorosa,  escabrosa pero que algunos  se empeñan en seguir ocultando hasta la saciedad. Su censura no puede ser más evidente y clara en que se pone de manifiesto que uno de los dilemas más grandes y complejos de la Cuba de hoy y la de mañana, será resolver el eterno conflicto con la verdad. A los censores de esta obra y de muchas otras,  no les ha importado en lo absoluto ese principio que: “LA VERDAD SIEMPRE SERÁ REVOLUCIONARIA”. 

Yo  nunca conocí a Mike Porcel. Cuando se dieron esos penosos acontecimientos durante el éxodo del Mariel, yo era muy jovencito, apenas acababa de terminar el preuniversitario y llevaba poco tiempo en la Facultad de Letras de la Universidad de La Habana. Yo era un joven estudiante que siempre apoyó la Revolución y como muchos grité: “PIN PON FUERA ABAJO LA GUSANERA”!!! en el desfile frente a la embajada de Perú pero mi desencanto llegó más temprano que tarde cuando en la cuadra de mi casa se le dio un “Mitin de repudio” a un buen vecino. Le entraron a golpes y a huevazos no solo a él sino a su esposa e hijas que lloraban en medio de ese círculo romano que nunca olvidé. A su hijo mayor estudiante de medicina que también decidió irse de Cuba, llegaron sus compañeros de aula y escuela  y hasta su novia a maldecirlo a vejarlo hasta no poder. 

Días más tarde iba yo por la avenida La Rampa y de pronto una enorme muchedumbre traía a una persona como si fuera un guiñapo humano con un cartel colgado del cuello que se leía: TRAIDOR, ESCORIA!!!!  Me detuve en la esquina del Yara a ver semejante cosa y para mi sorpresa resultó ser Nelson H. Gonzalez Batista trabajador si mal no recuerdo de Comercio Exterior, amigo de mi familia, sobre todo de mi padre y vecino de muchos años también de nuestro barrio. Lo paseaban Rampa arriba y Rampa abajo durante todo un día,  seguido de una conga improvisada, algo dantesco similar a los linchamientos de la Revolución Cultural China, Ahí me quedé en esa esquina  sin poder decir ni hacer nada, impotente, sintiéndome el  ser más cobarde de la tierra. No supe  más de Nelson hasta que un día logre borrar esa terrible imagen cuando nos encontramos en una muestra de mis trabajos  en el Cine Tower de la ciudad de Miami como en 2006. 

Una persona muy cercana a mi casa en esos días de cólera andaba brincando de mitin en mitin como si se tratara de un carnaval y por ella supe lo que le estaban haciendo a otro ciudadano que había decidido irse de Cuba, alguien de una institución llamado Carlos Berenguer. En los bajos de su edificio en el Nuevo Vedado, se había instalado un “Mitin de repudio” permanente,  seguido de fiesta, odio y conga durante largos días hasta con ron. Le habían cortado el agua y la luz y en su balcón colgaba un muñecón ahorcado. 

Años más tarde como entre 1989 y 1991  cuando yo trabajaba en el ICRT oí contar a un ex integrante del primer Grupo Moncada como se había organizado el “Mitin de repudio” en contra de Mike Porcel y la carta del Movimiento de la Nueva Trova que se habían redactado. Una carta que Mike conservó toda la vida. Algunos de los ahí presentes y participantes en ese hecho se jactaban que si lo tuviesen que hacer por segunda vez, lo harían de nuevo. Para esos días ya existía una cosa llamada: “Brigadas de Respuesta rápida” y la censura era a diestra y siniestra. Se había cerrado la Muestra de Cine Joven de la AHS, censura con la película del ICAIC “Alicia en el país de maravillas”, y el sonado editorial de: “NO ESTAMOS PARA BROMAS”. Me habían censurado mi primer documental sobre los carros ANCHAR y el primer gran concierto de Carlos Varela, que habíamos grabado en Karl Marx. Había lío y censura con los teatreros, con los poetas, los peludos, Arte Calle, los plásticos, los rockeros, con el “Programa de Ramón” por solo mencionar pocas cosas en un ambiente y  procedimientos  similares a lo que hoy acontece con los jóvenes cineastas  cubanos. Y yo ya tengo 57 años. 

¡Cuánta pena me da que se demore tanto la verdad, 

que la belleza no esté en su lugar, 

que se confunda la luz con la oscuridad! 

Demora tanto ver dónde está la verdad: 

los bueyes con que aramos tienen hijos ya.

 

ANA LEÓN 

Sueños al pairo: Un nuevo escamoteo a la libertad de creación 

El régimen no quiere que los jóvenes vean a la generación de sus padres y abuelos comportándose como parabolanos, ajusticiando a sus semejantes 

Lunes, 2 de marzo, 2020 | 8:02 am 

LA HABANA, Cuba. – El ejercicio de la censura en Cuba genera cada vez menos sorpresas; especialmente ahora que el régimen, acorralado y en quiebra, no está dispuesto a dejar pasar una. Sin embargo, no dejan de ser indignantes episodios recientes como la exclusión del documental “Sueños al pairo”, de los realizadores José Luis Aparicio Ferrera y Fernando Fraguela Fosado, de la 19 edición de la Muestra Joven del ICAIC. 

Los pormenores del asunto son bien conocidos, así como el modus operandi de la institución censora luego de que la polémica decisión provocara el rechazo del Comité Organizador de la Muestra y un aluvión de críticas en las redes sociales. “Sueños al pairo” no podrá ser exhibido so pena de violar el derecho de autor del ICAIC; una joven realizadora cargó con la culpa; una alta funcionaria ha sido colocada al frente de la Muestra para imponer cordura a los díscolos artistas; y el evento será pospuesto hasta nuevo aviso, siempre con “el objetivo de crear mejores condiciones para su realización y analizar diversos temas de trabajo en un ambiente apropiado y con el tiempo necesario”, según publicó el ICAIC en una nota, tras haber tomado la decisión de forma unilateral. 

Aunque no he tenido el placer de ver “Sueños al pairo”, puedo intuir que se trata de una obra con el potencial para cautivar a cubanos de todas las generaciones. Rescatar la figura del músico y compositor Mike Porcel es un gesto encomiable y no exento de peligros, precisamente porque su vida transcurrió en un contexto que le resulta non grato a la memoria histórica proyectada desde la actualidad. 

La censura que pesa sobre “Sueños al pairo” es consecuencia de la pugna del poder con los monstruos que ha creado. El régimen no quiere que se traiga el Mariel a la pantalla grande porque sabe que no se trata solo de los sucesos de la Embajada del Perú y el subsiguiente éxodo de unos 125 mil insulares hacia Estados Unidos. 

Mariel significó meses de ansiedad y terror para miles de cubanos, Mike Porcel entre ellos. Fue una interminable sucesión de actos de repudio contra quienes decidieron abandonar la Isla, un capítulo de nuestra historia reciente que nada tuvo de épico y en el cual quedó registrado el odio del pueblo contra sí mismo. Cubanos golpeando, apedreando, lanzando huevos, escupiendo, insultando, rociando agua caliente y expulsando a sus paisanos del país; todo con el beneplácito de Fidel Castro que autorizó el secuestro de la nacionalidad por aquellas turbas frenéticas. 

Quizás los realizadores del documental comenzaron su pesquisa tras la pista de aquel músico excepcional, fundador de Síntesis, alma de Los Dada y coautor -junto a Ireno García y Valentín Pérez- de “En busca de una nueva flor”, hermosa canción que dio la bienvenida, en la voz de Argelia Fragoso, al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes de 1978. Es imposible, empero, asomarse a la obra del artista sin descubrir matices interesantes de su vida personal; máxime si a pesar de su genialidad no ha merecido más que un brevísimo párrafo en el Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana. 

Únicamente el periodista e investigador Joaquín Borges-Triana ha seguido de cerca el trabajo de Porcel tras su salida de Cuba, publicando ocasionales notas en el diario Juventud Rebelde. Esos artículos periodísticos, aunque han sido la contraparte a un silencio lapidario, no tuvieron el impacto que hoy tendría un documental que por primera vez presenta a un músico de altos quilates narrando en primera persona, y apoyado por contundentes imágenes de archivo, el instante en que se vio convertido en “un apátrida, un prescindible, un traidor”, por el simple hecho de haber escogido continuar su vida fuera de Cuba. 

“Sueños al pairo” es incompatible ideológicamente con las políticas del ICAIC porque revuelve un pasado tan violento que su sola evocación derriba el mito sobre el humanismo de la revolución. En un contexto de odio renovado entre Partido y exilio, con el régimen siendo aguijoneado a diario por una aplastante mayoría dentro y fuera de las redes sociales, un documental sobre el Mariel no haría sino acrecentar el rechazo hacia un proceso fallido; arrasando de paso con otras devociones aupadas sobre la mentira y que apuntan a ciertos cantautores hoy venerados, pero que hace cuarenta años se pusieron en primera fila para hacerle un mitin de repudio a Mike Porcel. 

El régimen no quiere que los jóvenes vean a la generación de sus padres y abuelos comportándose como parabolanos, ajusticiando a sus semejantes.  Sabe que lo que en otro tiempo fue aplaudido como “un arranque de ira patriótica contra los enemigos de la revolución”, no puede ser justificado desde el presente con ningún argumento. 

Mientras se espera el desenlace de la censura en la Muestra Joven, “Sueños al pairo” comienza a escalar en el top ten de lo más buscado. La negativa del ICAIC no solo ha motivado actos de solidaridad entre los propios realizadores; sino que ha reavivado el debate en torno a la autonomía que prometieron respetarles y continúa siendo coartada bajo las excusas más irrespetuosas.

 

 ALBERTO GARRANDES

Otra vez la censura... y una Muestra Joven aplazada. En esta ocasión se trata de SUEÑOS AL PAIRO, documental de José Luis Aparicio y Fernando Fraguela sobre la vida, la obra y el destino del relevante músico cubano Mike Porcel. El Poder no aprende: cuando los jóvenes cineastas —o cualquier creador— tocan ciertos temas, no escucha ni quiere escuchar. Ni quiere ver. Hay realizadores jóvenes que se han retirado de la Muestra a causa de esta exclusión. Y entonces el ICAIC detiene todo y se toma un tiempo para pensar y discutir. Mientras tanto hay censura. Y, por supuesto, maltrato. ¿Referenciar los actos de repudio durante el éxodo de 1980? No. ¿Referenciar lo ocurrido en las UMAP? No. ¿Referenciar el apartamiento, la condena, la muerte civil (en Cuba) de determinados escritores y artistas? No. ¿Por qué? Porque, al parecer, nada de eso ocurrió. ¿Y los testigos, las filmaciones, los discursos, las fotos, las declaraciones, la prensa de esos años? ¿Van a silenciar todo eso, o se hará una labor de saneamiento? Mientras no haya un alto, una autorregulación del espíritu, una petición de perdón, un reconocimiento de errores monstruosos, esos fantasmas —tan sólidos, creativos y reales como Mike Porcel— seguirán ahí, apareciéndose. Y mientras haya jóvenes que los convoquen —con curiosidad, con afán de vindicación—, los fantasmas saldrán y hablarán y serán vistos. Como el fantasma del padre de Hamlet, asesinado por un rey despiadado y espurio y visible, noche tras noche, en las almenas de aquel célebre castillo de Elsinor. Un espectro en traje de batalla y que viste la metáfora de todas sus armas. Porque, desde Shakespeare, algo seguirá emponzoñado en Dinamarca mientras la verdad (del pasado o del presente) no se diga, o quede cercada por quienes se niegan a hacerla visible. 

 

LEGNA RODRÍGUEZ IGLESIAS

MARZO 2, 2020 

Una canción de amor en una película de terror.

¿Un cine prohibido es un cine deseado? ¿Un cine deseado es un cine disidente? ¿Un cine disidente es un cine ominoso? ¿Un cine disidente es un documento visual que se lee de forma incorrecta y que se entiende de forma incorrecta, sin medida de tiempo o espacio, pero, sobre todo, que cuenta algo que solo debería leerse y entenderse así, porque si se leyera lo contrario o se entendiera lo contrario sería responsable de un crimen? ¿El espectador que soy cometería la indecencia de entender mal las cosas? ¿El espectador que soy cometería un crimen ético? Creo que al espectador que soy no le interesa tanto la ética, si de materia de cine se trata. ¿El espectador que soy cometería un crimen estético? Creo que la estética sí me interesa. 

El espectador que soy no quiere entender bien las cosas, pero en este caso mi única posibilidad es entenderlas de la única forma que son. La forma preciosa en que han sido contadas, apartando la forma en que sucedieron, superponiendo líneas temporales y líneas textuales, elevan el documento visual a una magnitud expresiva de belleza. Los golpes, las malas palabras, la vergüenza, la tristeza, el horror, y la verdad alcanzan en Sueños al pairo una magnitud expresiva de belleza. Es intensamente triste, es enormemente doloroso y es horripilantemente verdadero. La intensidad, la enormidad y la horripilación de un relato que tiene que ser contado. De nuevo, ¿un cine prohibido es un cine deseado? 

El martes 25 de febrero a las 8:38 de la mañana, José Luis Aparicio me mandó un enlace para que accediera a una película suya en línea que había recién terminado. Esas fueron sus palabras exactas: Es un documental sobre un músico cubano, pero aún no se ha estrenado. Creo que a José Luis Aparicio le interesaba saber, más que mi opinión, la opinión de un tipo de espectador que quiere leer el cine de una manera otra. 

Después de 24 horas, yo aún no había dado clic en el enlace del video. Leí en la web varios artículos de opinión, política y social, que trataban específicamente sobre los últimos acontecimientos en las candidaturas a la Presidencia de Estados Unidos. Compartí, después de leerlos, tres de esos artículos. Sus autores, periodistas y ensayistas que admiro, hablaban, también, de algo más grande y contundente. Se referían a los países desde la historia de los países. Un relato que no debe ser ficción. Me gustan los relatos. La verdad que hay detrás de una pantalla. 

Ese mismo miércoles se hizo pública la decisión del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos de posponer la Muestra Joven ICAIC, un evento atractivo por sí solo, que se produce en Cuba hoy, teniendo en cuenta la diversidad de un cine desamparado, agenciado cada vez menos por la institución oficial. El sonido de la r en los infinitivos: aplazar, sustraer, omitir. 

No me detuve a observar la historia de Rogelio Orizondo en Instagram llena de fotos de un hombre pelilargo de sesenta años, que quizás vi hace tiempo en YouTube o en alguna carpeta de música, llena de la palabra CENSURA por todas partes, llena de emojis rabiosos y contrincantes. No observé nada con detenimiento el día 26. Leí, miré y escuché las noticias diagonalmente, como quien lee un libro en un momento inadecuado. Estuve toda la mañana en una oficina del gobierno haciendo trámites para sacar la primera licencia de conducir de mi vida. Una completa metáfora. 

Al amanecer del 27 de febrero tenía un mensaje de Rogelio Orizondo en Instagram que respondía a mi pregunta de la noche antes. Sentí curiosidad y pregunté qué pasó. Luego me dormí, muerta de cansancio, como todos los días del mundo desde que soy mamá de un bebé. El mensaje era directo: Él me dijo que te había mandado el documental, yo lo vi hoy, tenemos que hacer algo con ese hombre. 

Entonces, antes de las 8:52 de la mañana, vi Sueños al pairo, el documental de José Luis Aparicio y Fernando Fraguela, sobre la vida de Mike Porcel, un hombre con una guitarra y un deseo de música, que fue víctima de un régimen dictatorial, corrosivo y enfermizo, llamado Revolución Cubana. Un régimen que todavía perdura. 

A José Luis Aparicio y Fernando Fraguela les fue comunicada la prohibición de participar en la Muestra Joven ICAIC hace catorce días, el 13 de febrero de 2020. Las imágenes de archivo usadas en la película, que les fueron permitidas con anterioridad, también les han sido vetadas. 

Pero la película es una canción, o viceversa. El tiempo y los sonidos de ese tiempo, guiados por la voz pausada, dócil, sometida casi, de un hombre que ha tenido una experiencia increíble, una experiencia que él todavía no puede creer y que por eso no quiere recordar, se diluyen en lo melódico. Lo melódico como suceso. Ondulaciones que uno se construye a sí mismo. Un dejarse llevar por la corriente. Una corriente despiadada donde se nace, se crece y se desarrolla. Empiezo sabiendo eso, que al niño Mike Porcel siempre le gustó la música. 

Sueños al pairo es una clase de Historia de Cuba Contemporánea, una clase de Historia de la Revolución. El tono suave, ondulante, a través del relato y los acontecimientos, solo hacen más horripilante aquello que hay detrás o debajo o a través. Sin embargo, no agrede. Nada agrede en la película que José Luis Aparicio y Fernando Fraguela realizaron con el consentimiento de sus participantes. Para mí es importante saber que hubo consentimientos. Continúo sabiendo eso, que el hombre Mike Porcel no volverá a hablar del tema. 

A esta altura de la película, frase hecha que significa que ya no se puede volver atrás, no quiero volver atrás yo tampoco sino sacar un pasaje de avión en JetBlue y llegar al aeropuerto José Martí y empezar a recitar canciones de Mike Porcel como si fueran poemas, recitarlas por micrófono, una estrofa Rogelio Orizondo y una estrofa yo, o lo que sería su homólogo en una acción poética teatral. Bajar las escaleras del avión con un nasobuco puesto que diga Sueños al pairo. Un deseo de contienda. Una rabia en forma de labio mordido y mandíbula apretada. El antídoto contra el virus. 

La Revolución Cubana, ese fenómeno antinatural, dispuso a sus individuos de un lado o de otro. Los que nacimos a partir de los años ochenta somos hijos de familias que, de una forma u otra, vigilaron o fueron vigiladas, repudiaron o fueron repudiadas, atacaron o fueron atacadas, quebraron o fueron quebradas, se fueron o se quedaron. No hay espacio en esa Revolución para seres humanos al margen, seres humanos con pensamiento propio. No hay humanidad en esa Revolución. El pensamiento pertenece a la Revolución. Hay poder, hay muerte y hay música. La música es inaudible. Mike Porcel no se oye. 

Sueños al pairo, la foto fija de la película, el espejo frente a mí, estremece y perturba. Lo que estremece y perturba no es la desidia, ni siquiera el abuso, la negación, ni siquiera el golpe macizo de un hombre sobre otro hombre, ni siquiera los barcos, ni siquiera el mar. Lo que estremece y perturba no es la censura doble, en la película y fuera de ella. Lo que estremece y perturba son los afectos. 

El hombre que es el centro del relato, llamado Mike Porcel, se desintegra frente al espectador. Pierde música, amigos, trabajo, decisiones, ilusiones, dignidad, aquella dignidad plena del hombre de la que se habla en la Historia. El hombre Mike Porcel deja de ser, literalmente, aunque no deja de estar. Llega a convertirse, incluso, en cadáver. Un hombre que es obligado a vivir una vida ajena. Un hombre sin vida propia es un hombre muerto. Lo único que lo salva, si existe la salvación, son los afectos. Ahí, en esa sustancia última, está para mí la clave de su relato. 

Al dar clic por segunda vez para encontrar detalles, gestos, acciones, luces, sonidos, que con seguridad se escaparon en ese primer vistazo, el enlace no se abrió: La URL solicitada no se encontró en este servidor. Eso es todo lo que sabemos. Una completa metáfora. 

Empecé a sentir un miedo que se confunde con la razón, el miedo de olvidar. Se me iba a olvidar lo que acababa de ver. Pensé en Mike Porcel hilvanando sus recuerdos, voz mediante, para José Luis Aparicio y Fernando Fraguela. La tortura inmensa de traer al dolor, a la angustia, y ponerlos a hablar, de pie, frente a las cámaras. 

La indecencia de la que habla Mike Porcel al principio, cuando la Revolución Cubana toma las riendas de un país rico en buenos modales, va confirmándose en la película y va creciendo, apoteosis, en narrativa e imágenes. El clímax narrativo de una escena animada con dibujos fantasmagóricos que no tienen rostros precisos ni movimientos precisos, que mueven las cabezas como espíritus burlones y que en vez de hablar emiten ruidos que son muecas que son deformaciones, termina martillando una idea estacionaria: la indecencia. 

El deseo interminable de comer lo que no existe es indecente. Limpiarse las nalgas con las páginas de un periódico toda la vida o la mitad de la vida es indecente. Tirarse al mar con niños chiquitos para salir del país es indecente. Vivir escondido en tu propia casa es indecente. Abrir la puerta de la casa ajena sin tocar la puerta porque todos somos familias es indecente. Perseguirse unos a otros es indecente. Cantar canciones de Sara González en el matutino de la escuela en vez de cantar canciones de Mike Porcel es indecente. Quedarse callado es indecente. 

Una de las mayores indecencias de la película es el discurso inescrupuloso, indecente y repugnante del pianista Frank Fernández. Por suerte, las entrevistas son breves, como flashazos. El pianista dice a los entrevistadores que nota cierta búsqueda de cuestionamiento social o político en su pregunta. Niega que hubo ningún tipo de cuestionamiento político con Mike Porcel. NO HUBO. Al decirlo, su boca se vuelve un culo y el espectador empieza a percibir un olor a mierda que sale de la película. Tener un culo de gallina en el lugar de una boca es indecente. 

En contraste con la indecencia aparece un hombre, Mike Porcel, que es seda, bambula, terciopelo azul, algodón blanco. Su voz va guiando, acariciadora, el relato de una película que no es solo la biografía de un hombre sino la biografía del terror. 

Debe ser intencional que la música del filme haya sido compuesta por el mismo Mike Porcel: Cada. Suspiro. Melódico. De. La. Guitarra. Hace. Anillos. De. Pausas. Alrededor. De. Los. Acontecimientos. Y. Las. Personas. Que. Intervienen. En. El. Relato. Como. Sombras. Esperanzadoras. Que. Quieren. Ofrecer. Tiempo. Extra. Al. Desenlace. 

Mientras escribo sobre una perturbación, la actriz y escritora Rosie Inguanzo, que ayer vino a la casa para traerme un nebulizador y tocó la puerta sin abrirla, esperando que yo abriera, aunque desde adentro dije ENTRA, empieza a enviarme mensajes en ráfaga pidiéndome que le consiga el documental. Me dice que conoce a Mike Porcel. Me dice que a Mike Porcel lo acabaron. Me cuenta que ella estaba ahí. Que ella lo vio todo. Que Mike Porcel era un ángel. Que estaba en el Olimpo de la música cubana. Que fundó Síntesis, que era electrónica, pero Mike Porcel era puro y lo jodieron. Que quiso irse, como es natural. Que ella estuvo en el coro de la iglesia con él. De arriba a abajo. 

Si tuviera que hacer reclamaciones, sería la brevedad de un relato que no cede a la conveniencia de la Historia, ni de Mike Porcel, ni del gobierno cubano. Sería, además, la falta de osadía en no dibujar un culo sobre la boca de Frank Fernández. Sería la demasiada bondad. Lo que no olvidaré: el trayecto de Mike Porcel caminando junto a su esposa, a paso lento, cadencioso, libre, hacia el interior de una de esas placitas de Miami, que tienen desde un salón de peluquería hasta un restaurante japonés. Lo que no olvidaré: a Mike Porcel diciendo que en su interior no hay rencor. 

Quien escribe fue criada por un hombre y una mujer revolucionarios, un hombre y una mujer que no solo lucharon por esa Revolución, sino que se murieron creyendo en esa Revolución. Tengo recuerdos borrosos de eventos parecidos a los de la película, en menor medida y en sentido contrario. Gente que cuando mi abuelo y yo pasábamos, década de los noventa, le tiraban basura a sus espaldas, piedras, pedazos de objetos, un tomate, una fruta. Al hacerlo, le gritaban algo que intento recordar pero no lo consigo. Me he sentido mal por eso, todo el día y toda la tarde. 

Ver la película y escribir sobre ella sería una forma torpe de pedir disculpas. Torpe y fácil. Pedir perdón no es pedir disculpas. Pedir perdón es difícil. Pido perdón por mi abuelo y pido perdón por mi abuela. Perdón por mi madre, una hija de revolucionarios que es feliz ahí donde ya nada crece, o dice que es feliz sin serlo y al decirlo lo constata. Perdón por mis amigos que también serán felices y que también lo dirán, porque al decirlo lo nombran y de algún modo lo atraen. Hay que sobrevivir y hay que vivir. Perdón por escribir un párrafo en el que la palabra revolucionarios va seguida de la palabra felices. Perdón, porque no es verdad.

 

ROLANDO DIAZ

Censura. 

Una vez más se comete un acto de censura sobre una obra artística en Cuba. En este caso me refiero al Documental “Sueños al Pairo”, de José Luis Aparicio Ferrera y Fernando Fraguela Fosado. Ha sido en el contexto de la Muestra de Cine Joven, ese espacio batallador, incansable, donde jóvenes de una generación sin compromisos preestablecidos, buscan un lugar para exponer sus ideas. 

Como resultado de la aplicación de la censura, un grupo importante de jóvenes participantes en la Muestra retiró su Obra lo que dio al traste con la celebración de la misma. Desde mi punto de vista, aunque no suceda nada excepcional a posteriori, esta vez, dado el momento que atraviesa el país, las acciones de los jóvenes cineastas toman un particular cariz. Los dirigentes históricos ceden espacio a una nueva generación de “cuadros” que se considera continuadora, pero que tendrá que lidiar, no sólo en el terreno del arte, con otras generaciones (hay al menos tres generaciones de cubanos más por debajo de la que liderará el país los próximos años) cuyo vínculo con el pasado histórico es casi nulo, emocionalmente hablando, o se vinculan a él desde un afán renovador inédito. Esa será la zona de conflicto futura. Al menos la que a mi me interesa. 

En el caso específico de “Sueños al Pairo” se trata de exponer el calvario que pasó el músico Mike Porcel por preferir abandonar el país cuando se desató el éxodo del Mariel en 1980. Es cierto que todavía en esos años muchos de nosotros nos inclinábamos hacia la idea que justificaba, a pesar de los errores, el proceso revolucionario.  Pero es el momento para reconocer que las injusticias nada las puede justificar. 

En el ICAIC, organismo en el que trabajé toda mi vida laboral cubana, los actos de repudio en cuanto tal, fueron prohibidos por órdenes expresas de Alfredo Guevara (con quien tuve, a posteriori, fuertes discrepancias por temas de censura) pero; al César, lo que es del César: Dichos actos fueron sustituidos por actitudes civilizadas de rechazo al que pensaba distinto que, aunque constituían también una actitud moralmente represiva, nunca alcanzaron la barbarie que casi llegó a las esencias de La Noche de los Cristales Rotos practicadas en casi toda la nación. En el Documental hay imágenes de archivo que duelen mucho. 

El castigo sicológico a Mike Porcel fue brutal. No cabe otro calificativo. Permitieron viajar a su esposa e hijo por el Mariel, pero no a él, que permaneció en la Isla, en contra de su voluntad, por nueve largos años. Un crimen. 

Resumo exponiendo mi idea, como Mike Porcel hace en el documental, de declarar el NO al odio, ni al resentimiento. Pertenecemos a la Nación cubana y tarde o temprano la realidad se impondrá y recuperaremos nuestros plenos derechos de no ser vistos como extranjeros en nuestro propio país. Y nuestra obra, la de todos los que estamos fuera; buena, mala o regular, tendrá derecho a ser vista, escuchada o valorada por quien lo desee y cómo lo desee. Pero no sólo añoraría esa acción necesaria para personas más o menos públicas, sino para todos los cubanos que han sufrido divisiones familiares y sufrimientos de cualquier índole a lo largo de todos estos años, evitando que el hecho de ser artista o aspirante a ello, sea un privilegio.

 

DEAN LUIS REYES

Cuando Sueños al pairo (José Luis Aparicio Ferrera, Fernando Fraguela Fosado, 2020) recurre a los archivos para contar la historia de Mike Porcel, un músico cubano que fue anatematizado y borrado de la historia oficial cubana por decidir abandonar la Isla en 1980, lo hace consciente de estar operando desde la transgresión. Sin esa noción a cuestas difícilmente sería comprensible la distancia que negocia el filme para referir semejante historia. 

Porcel está vivo, en Miami, olvidado por casi todos los que alguna vez dijeron conocerlo. Es el trauma encarnado de un país. Pero los realizadores, en vez de procurarnos la buena nueva de su existencia, prefieren potenciar un desapego en la representación, acudiendo a una voz, la del propio Porcel, quien cuenta su historia. El relato, en voice over, hace del músico una figura espectral, una presencia/ausencia que pujamos por imaginar. La narración en primera persona, no obstante, consigue que nos entreguemos al flujo de conciencia que resulta la historia de vida de un hombre cuyo destino lo arrastra definitivamente hacia el trauma, y después de este, a desaparecer, a esfumarse. 

La vida de Porcel llega a nosotros como una ficción, como una voz que se cuenta a sí misma sin revelar su imagen definitiva. Los intersticios que deja cuanto dice lo llenan los entrevistados, músicos, amigos, gente que lo conoció. Celebridades de la cultura cubana. Rostros muy conocidos que ofrecen sus versiones acerca de Porcel, esa presencia fantasmal. Frente a los rostros inequívocos (Amaury Pérez, Frank Fernández, Pedro Luis Ferrer…) que refieren diversos sucesos de la vida del aludido, se alza el rostro ausente de alguien cuya imagen no nos queda otra que imaginar. Lo único que nos permite albergar dudas es esa voz y la advertencia del inicio, donde se asegura que es la de Porcel mismo. 

Esa decisión formal es, insisto, decisiva. Porque una vez que Sueños al pairo alcanza el clímax de su búsqueda (los episodios que rodearon el éxodo del Mariel; la “caída en desgracia” del desechado artista; los “actos de repudio” contra él y su familia; las represalias contra su hijo en el conservatorio de música; los nueve años de “muerte civil” que le obligaron a permanecer en Cuba; y, finalmente, la carta de repudio que le dedicara el Movimiento de la Nueva Trova del que alguna vez fue parte) descubrimos que, también aquí, como en Santa y Andrés, el protagonista no es Porcel, sino quien lo juzga. 

El acto de trasgresión adquiere ahora su medida más alta, porque la interrogante que abre Sueños al pairo no es sobre la víctima sino sobre los victimarios. Sobre quienes hostigaron, vejaron, agredieron, pero también contra el silencio cómplice, el coro mudo que, al borde de la escena del crimen, prefirió callar. O todavía peor, apoyó el linchamiento. Los que, junto a la cámara que apunta, registra para sustentar la condena final del presunto infractor, decidieron ellos mismos ser mirada antes que sujetos éticos. El argumento recurrente de que las actitudes de los hombres en una época determinada no pueden ser evaluadas sin tener en cuenta el contexto histórico, echa a un lado la existencia del libre albedrío y su sentido moral. Pues, antes que sujetos históricos, somos seres éticos. Ese razonamiento justifica a menudo, al menos en Cuba, evitar asumir el peso terrible del miedo que provoca la violencia como método último y absoluto de coerción. 

Sueños al pairo pone en evidencia hasta qué punto, pasado el tiempo, la palabra trastabilla a la hora de explicar los actos de aquellos tiempos tumultuosos. O peor, de cuán imposible resulta argumentar cómo al repudio se impuso el olvido, luego de que Porcel se convirtió en un espectro que habla sin que lo veamos, que se aferra a su historia de dolor, una historia que, asegura esa voz, “quisiera que fuera esta la última vez que tuviera que hablar de esto en público”. 

Descubrir que este documental no trata sobre otra de las “víctimas colaterales” de la “construcción del socialismo”, sino acerca de cómo ese proceso histórico ocultó en el baúl más profundo un trauma intolerable para sí mismo, es un puñetazo en el estómago. Porque Porcel, a través de su relato sereno, nos descubre que encontró la paz, mientras que quienes lo relatan no pueden encontrar sosiego en sus conciencias. (Cinco nombres ilustres a los que se solicitó entrevistas para Sueños al pairo, refiere un texto casi al final del metraje, no aparecen en el documental. Por discreción, la advertencia no indica si declinaron la invitación o prefirieron permanecer silentes.) 

El puñetazo ha generado un gesto desesperado. Para acallar este archivo que se rebela, esta memoria que nos devuelve sucesos vergonzantes, el ICAIC decidió vetar el uso de las imágenes de sus repositorios, como un último acto de violencia y ocultamiento. “Vale aclarar que esta negativa no se refiere al material específico sobre Mike Porcel, a quien está dedicado el filme”, asegura el dictamen reprobatorio de la Presidencia de la institución estatal. “Tampoco se refiere a las problemáticas del momento histórico que rodearon al artista, explícitamente abordadas desde sus criterios en el documental por el propio Mike Porcel y los entrevistados. Nos ceñimos exclusivamente, de acuerdo con nuestro legítimo derecho como titular de las imágenes incluidas en el documental, a no autorizar el uso de estas en un montaje en el que adquieren un sentido contextual que no compartimos”. 

El “sentido contextual” al que hace referencia la Presidencia es precisamente el ejercicio de volver la cámara sobre aquellos que alguna vez la sostuvieron, sobre los ejecutores, pero también sobre el silencio general que aún perdura, y que el veto del ICAIC quiere mantener. Es, además, una prohibición absurda viniendo de un Instituto de Cine como el cubano con respecto a una obra cinematográfica: pedirle que no tenga punto de vista. O que tenga uno que se corresponda con la doxa de quien administra hasta dónde puede llegar la libertad de pensamiento. 

El ejercicio de la posmemoria en el cine cubano reciente, además de repasar acontecimientos traumáticos, de preguntar qué fue de la gente que resultó apaleada y vejada, de sacudir el silencio cómplice que todavía perdura, ha vuelto a los archivos para evidenciar las cuotas de transgresión que implica revisarlos. Ha sido, por ello, un ejercicio de libre albedrío que desafía la verdad instalada en un imaginario amnésico. 

Como corolario, la operación de recordar que impulsa Sueños al pairo, además de colocarnos ante la necesidad de hacernos cargo del pasado del que venimos, nos sacude con una revelación. Después de haber escuchado la voz espectral de Porcel refiriendo su vida cubana y el inmerecido castigo que le trajo ejercer el derecho a elegir, nos ofrece al trovador vivo, en su hogar del exilio, con su esposa, interpretando uno de sus temas. La voz tiene ahora continente, podemos asociarla a una figura, al fin. Y el rostro que mira a cámara, que nos mira, canta, y al terminar permanece en silencio un tiempo incómodo, eterno, sin apartar su mirada de la mirada de la cámara. 

El cine, finalmente, encuentra una forma de pedir perdón a los rostros que antes hostigó, ofreciendo al otro la posibilidad de quebrar la cuarta pared, de volver a estar a solas con estos, los testigos silenciosos que podemos, deseo, sostenerle la mirada como iguales. Al final de su relato, Mike Porcel asegura: “En mí no hay rencor”. ¿Y en quienes ven su mirada final? 

 

NORGE ESPINOZA

El Cine es Cortar 

CINE CUBANO DOCUMENTALES POLÉMICAS CULTURALES RESEÑAS 

SUEÑOS AL PAIRO: MIKE PORCEL EN SU CANCIÓN INTERRUMPIDA 

Posted on marzo 4, 2020  

Vi el documental anoche. Dos veces. Y no pude sacármelo de la cabeza. 

Me acompañó en el sueño y en el recuerdo de historias como esta, que se tardan en ser contadas. Que requieren de sus testimoniantes una suerte de arrojo especial, de capacidad no siempre conseguida para dejar a un lado la mera anécdota y sobrepasar recelos y miedos de todo tipo para lograr hacerse nítidas ante una mirada nueva. 

Y acá se trata de ver. Y de oír, sobre todo, la voz del protagonista de “Sueños al pairo”. 

Dos jóvenes realizadores, José Luis Aparicio y Fernando Fraguela, han creado esta obra para intentar restituir a uno de los mejores trovadores cubanos al sitio donde intentó borrársele con saña. 

Uno de esos sobrevivientes que espera aún por la rehabilitación que ya han logrado algunos (Piñera, Lezama, Carlos Montenegro, Nicolás Guillén Landrián, los Hermanos Camejo y Pepe Carril…), y que otros no han obtenido o nunca quisieron: Arenas, Cabrera Infante, Néstor Almendros, René Ariza, Guillermo Rosales…, quienes ya murieron cansados de esperar, pero legando una obra que también, rabiosamente, repite las claves de Cuba.

Mike Porcel vive en Miami, y sigue haciendo música. Los directores de “Sueños al pairo” lo han entrevistado a través de un intermediario. Y es su voz la que sirve de guía, en el habla o en la canción, a lo largo de esta media hora que ha bastado para desencadenar viejos resquemores y una prohibición que, en efecto, confirma no solo la persistencia de viejos odios e incomodidades, sino también la imperiosa necesidad de más obras como esta. 

Lo que se cuenta en “Sueños al pairo” es la metamorfosis que lleva a un joven talentoso al papel agrisado de la no persona. Y aún peor: el tránsito que lleva a ese cuerpo y ese nombre a través de su progresiva desaparición ante amigos, colegas, que lo van abandonando. 

Y hay que notar, como un punto decisivo a favor de este documental, es que Mike Porcel, autor de temas tan loables como Diario -de uno de sus versos se extrae el título de este audiovisual-, Diálogo con un ave, Canción simple o Ay del amor relata su peregrinar emocional y físico con la voz de quien ya lo ha sobrevivido todo. 

No hay rencor, nos dice, hacia el final de este documental que arranca con las violentas imágenes de los actos de repudio que en 1980 se desataron alrededor del éxodo del Mariel y que concluye con su rostro, cuando nos asegura, en un plano que justamente me recuerda al que sirve de cierre a “Conducta Impropia”: “pienso en ti”. 

Si en la pieza de Almendros y Jiménez Leal el dramaturgo y actor nos lega una mirada perdida entre la demencia y la renuncia, acá los ojos del compositor nos conectan con todo lo que nos ha narrado en otro orden de dolor. Un dolor que acaso el perdón y la nostalgia no resuelvan, pero que le ha servido para seguir haciendo canciones, imaginar otro estado de vida, rehacerse a pesar de los golpes y el silencio que en su país siguen operando cuando se le menciona, incluso, entre aquellos que dicen haber sido sus fieles, sus devotos: sus amigos. 

De integrante del grupo Los Dada a miembro de la Nueva Trova. De arreglista y compositor de un excelente disco de Amaury Pérez sobre los versos juveniles de Martí (cuando se produjo esa fiebre por musicalizarlo, pocas veces con buen tino), a fundador de Síntesis junto a Carlos Alfonso. De ganador del premio a la canción tema del XI Festival de la Juventud y los Estudiantes con una obra coescrita junto a Ireno García, y parte de Teatro Estudio bajo la mirada penetrante de Raquel Revuelta, a una invisibilidad casi total. 

Cuando los cubanos que entran con fuerza a la Embajada del Perú ponen el sueño de la Revolución en peligro, explotan todas las líneas de contención. Mike Porcel intenta irse a los Estados Unidos por la vía del Mariel, pero aunque tiene que resistir al inevitable acto de repudio que en ese entonces tal decisión conllevaba, no le permiten la salida. 

Era demasiado peligroso, se creía demasiado importante, era mejor tenerlo bajo control: se habrán dicho quienes le bloqueaban esa vía. Una carta firmada por los miembros de la Nueva Trova le hace saber que lo han expulsado de ese núcleo, bajo acusaciones de traición y apostasía. 

Y en una espera tan angustiosa como la que sufrieron, entre otros, el compositor Meme Solís, se tardó una década durante la cual fue organista en un templo religioso, hasta poder irse de Cuba gracias a la intervención de personalidades y fuerzas foráneas. 

mike porcel tonadas y versosDe ahí a España y luego a Miami, donde ha seguido haciendo música para teatro, ha grabado discos, publicó las letras de sus temas en el libro Tonadas y versos, y escucha las versiones de sus temas que en la Isla Ivette Cepeda y otros intérpretes insisten en dar a conocer a un público que probablemente no conoce a fondo la mitad de estas cosas. Y no hablo solo de la biografía de Mike Porcel. 

Hombre de pocas palabras, Porcel se deja oír en los minutos iniciales diciendo a su entrevistador (el enlace en Miami fue Javier Labrador) que espera contar estos avatares por última vez, porque son recuerdos demasiado dolorosos. 

A su parquedad, al tono casi neutro de su narración en pos de una perspectiva más sosegada de lo que aquí se presenta, hay que añadir las frases de quienes accedieron, en Cuba, a contar sus propias memorias acerca de su persona. 

Amaury Pérez, Frank Fernández, Pedro Luis Ferrer, Ángel Vázquez Millares, Frank Delgado, José María Vitier, el actor Daniel García, son piezas del mosaico. Ni Carlos Alfonso, ni Silvio Rodríguez, ni Pablo Milanés, ni Argelia Fragoso ni Alberto Falla respondieron al llamado de Fraguela y Aparicio. Y es una pena, no solo porque no sepamos qué pudieran aportar a “Sueños al pairo”, sino porque confirman que ese silencio pesa aún y que, como se oye decir en un momento al autor de Mariposa cuando éste cree que ya no se le está grabando, hay miedos que perduran, agresiones o culpas aún no resueltas. 

Esos pretextos, enlazados a los seres humanos que son parte de esta trama y que curiosamente, tras aportar algunas anécdotas vívidas sobre Mike Porcel (como la de Amaury relatando cuando se les acusó de contrarrevolucionarios por no incluir tambores ni percusión cubana en el disco martiano, y los mandaron a alimentar los leones del zoológico) acaban perdiendo el hilo de esas memorias, mientras el amigo al que evocaban se va hundiendo en una oscuridad de la que nadie parecía estar al tanto. Y a la que ninguno de ellos se opuso. 

Tal cual le sucediera a Virgilio Piñera, le correspondió ver de qué manera volvían a ser publicados, celebrados, visibilizados, algunos de sus contemporáneos, sin que le llegara nunca la llamada de rehabilitación. Virgilio murió en esa espera. Por suerte, Mike Porcel puede hablar de sí mismo ya del otro lado de semejante marasmo. 

Lo que “Sueños al pairo” nos entrega, más allá de esta biografía levantada desde un respeto honesto al dolor de quien la protagoniza, es una advertencia sobre esas tibiezas y cobardías. La falta de solidaridad en el momento difícil que puede quebrantar, bajo presiones muy concretas, amistades y fidelidades. 

Este es uno de esos documentales que pretende desmontar la imagen de la épica que, en términos masivos, pareció ser la voz de una Cuba en el frenesí del sueño revolucionario. ¿Dónde queda el individuo?, vuelve a interrogarnos, y traza un círculo alrededor de ese hombre o esa mujer que por no seguir a esa coral, acaba enmudecido. 

No se trata únicamente de recordarnos la necesidad urgente de ciertas restituciones, sino también del valor de una ética de la amistad, de un lazo de fe y de sangre, desde la que también se compone y afirma la historia individual de un país. 

“Sueños al pairo” arranca con las escenas de los actos de repudio, y ello me parece un error en términos de guion: desplaza el nombre de Mike Porcel a un acontecimiento que, siendo sin dudas importante en su vida, no define toda su problemática. 

Acaso los realizadores, que no vivieron esos hechos, no pudieron evitar el impacto enorme que esas secuencias dejan en quienes las descubren en un archivo pocas veces abierto. Mike Porcel ya era un “caso” complicado antes del Mariel, y lo siguió siendo por una década después de que la Flotilla de la Libertad abandonara las aguas cubanas. 

Este documental es sobre el trovador y cómo se sobrepuso a todas esas contingencias, no sobre las jornadas de aquellos desfiles, discursos febriles y “locura colectiva” que menciona Pedro Luis Ferrer. 

Acaso por buscar un golpe de efecto es que colocan esos sucesos como prólogo, pero luego, cuando el compositor narra los detalles del ataque que sufrió en su propia casa, se apela a animaciones (un recurso que no se hilvana al discurso visual de lo que se ha visto hasta ese minuto) para acompañar a lo que se nos describe y que no alcanza la fuerza de lo que ya, en la apertura misma, se nos reveló. 

En 1980 yo era un niño, y en mi memoria se entrecruzan recuerdos dispersos de aquella violencia, de aquel lamentable y penoso proceder de exclusión y expulsión que no se contuvo ante personas de ninguna edad. 

Cuando he visto estas imágenes en otros documentales (en el ya citado “Conducta Impropia”, por ejemplo), o he leído libros como El Mañana, de Mirta Ojito, aún siento el agobio que me provoca lo que sé acerca de esos días y lo que no alcanza a explicarme cómo pudo llegarse a semejante extremo. 

Entre las cuestiones pendientes que nuestra Historia debe revisar y reacomodar está el hervor de esas jornadas. Y por eso, aunque crea que su aparición en el documental debiera estar ubicada en un instante más útil para su línea narrativa, considero que acudir a ellas opera como una demanda mayor hacia ese reajuste que la Nación y sus disímiles componentes deberían afrontar como un síntoma de imprescindible madurez. 

El uso de esas imágenes de archivo, autorizado primeramente por el ICAIC y luego denegado, ha sido el eje de la discusión que ronda a “Sueños al pairo”. También ahí se delata el resquemor que implica asimilar la Historia, reconocer en líderes y discursos las causas de crisis mayores, que los testimoniantes rondan a veces en puntas de pies, como hace el pianista y compositor Frank Fernández. 

Junto a ello están las honestas lágrimas de Daniel García. Y la voz de Porcel que insiste, desde la vida que se ha procurado en Miami: “en mí no hay rencor”. 

Su voz y su rostro en escenas fotografiadas en color, contrastando con la de quienes han hablado acerca de él, grabadas en blanco y negro. Una fotografía, una maniobra de revelado, a la inversa. 

Lo que también nos dice, y debería ser entendido, a través de “Sueños al pairo”, es que la Historia pronto pasará a otras manos, que sus archivos y registros tendrán que abrirse a otras perspectivas, a las de otras generaciones que indagarán -ojalá que con honestidad y responsabilidad- en todo eso para entender en qué sitio y en qué momento ellos mismos se encuentran. 

La Historia debe ser contada sin turbulencia, aunque la turbulencia que ella contenga nos ciegue y pretenda acallarnos. Hacerla visible desde la voz de quien la sintió y la padeció implica inevitables reajustes, que algunos entenderán como negociación y otros como un acto de fe. 

Exorcizar culpas y definir compromisos, a fin de una comprensión más nítida, es un acto tan doloroso como impostergable. Negarse a esa discusión significa paralizar la propia Historia. Y, por suerte, eso es algo que ningún hombre, con ningún cargo, podrá hacer indefinidamente. 

“Sueños al pairo” se añade a una serie de obras que, desde o fuera de la Muestra Joven ICAIC, se compenetran en ese reclamo, en la ansiedad de los jóvenes por saber y esclarecer verdades que han sido contadas a medias. Y que no pocas veces, tras la imagen de un retrato o una biografía, aluden a un plano mayor, en el que nos reconocemos o deberíamos reconocernos todas y todos. 

No he encontrado en este documental nada que justifique su imposibilidad de llegar al público. Desde su edición, su fotografía, su dirección de arte, su banda sonora, creo que es una pieza utilísima en pos de ese debate mayor. Y que tiene en su centro a un artista de talento probado que, sin ánimo de espectacularidad alguna, nos entrega una última carta. Aunque espero que no una última canción. 

Dije que no pude dormir tras ver anoche “Sueños al pairo”. Y no solo por lo que pueda señalarle como virtudes o defectos, sino por la manera persistente en que me recuerda que no debemos seguir postergando estas conversaciones, estos ajustes de cuentas, estos exorcismos. 

Para hallar sosiego en este instante, acudo a la música del propio Mike Porcel, que me acompaña desde los días en que Argelia Fragoso se dejaba ver, una y otra vez, en aquel video entonando En busca de una nueva flor. 

En mi escuela, el niño que fui dibujaba la flor-emblema del Festival, me aprendía esos versos, guardaba en mí una melodía que también regresa de tantos modos en un mundo, aquél, que ya no es el mismo, que existe en el tiempo en que oigo y recuerdo esa canción. 

Para despedirme, y recomendar que “Sueños al pairo” logre librarse de cualquier censura, oigo a Elena Burke en una de esas grabaciones que nunca llegaron a disco y en las que ella desgranaba, desde su garganta inconfundible, a los jóvenes autores de la Nueva Trova.

 

CARLOS LECHUGA

¿Dónde están los amigos cuando hacen falta? 

Marzo 3, 2020 

Una revolución sirve para muchas cosas, pero también se presta para muchas cosas. 

De un tiempo a esta parte, estoy bastante interesado en la idea de la competencia de los artistas entre ellos, y cómo algunos usan eso de ser “revolucionario” o “contrarrevolucionario” para beneficio propio. 

Hay gente con un poco de poder y con intereses en el triunfo, que se ven con la posibilidad de quitarse de enfrente a alguna competencia con el simple hecho de hacer una denuncia: decir que es un pagado por la CIA. 

Es un juego sucio. 

Esta idea, y otras más, se me refrescaron en la mente después de ver dos veces el documental Sueños al pairo, de José Luis Aparicio y Fernando Fraguela, sobre Mike Porcel. 

Vi una versión de largometraje y una versión recortada. 

Lo que más me llama la atención no es el momento horrible del mitin repudio, ni la situación con las canciones que le echaron a un lado, ni los castigos… Lo que más se me quedó fue que el hombre, después de tratar de irse del país y no lograrlo, estuvo acá mucho tiempo, pero mucho tiempo, años, y sus amigos más cercanos, los que hablan, se hacen los que no se acuerdan, o realmente no se acuerdan, pero la verdad es que lo abandonaron. 

Lo echaron a un lado y se olvidaron de él. 

No me considero lo suficientemente valiente como para juzgar a nadie. 

Tampoco viví esa epoca. 

Pero a nivel humano, me llama mucho la atención cómo funciona la mente ante el peligro. 

Cómo nos inventamos cuestiones para no enfrentar la realidad, para poder tratar de seguir vivos, para protegernos. 

Es más fácil olvidar a una persona, o decir que era raro, que no era sociable, que no estaba a la altura de lo que la Revolución pedía en ese momento, para simplemente alejarlo. 

Sacarlo. 

Pocos, casi nadie, se detienen a pensar que una vida, un ser humano, es más importante que una consigna, que un trozo de yeso en forma de busto. 

Yo no soy un estudioso del tema, puedo equivocarme y lo hago a menudo, pero imaginarme a ese músico solo, en una iglesia, tocando, refugiado… Viendo cómo a veces un amigo cruzaba la calle al verlo, sin saludarlo… 

Y no solo eso. 

Empecé esta columna de esa manera por algo: muchos de sus compañeros no solo le dieron la espalda, sino que hicieron una carrera y acompañaron el proceso con sus canciones. 

“Triunfaron”. 

El logro del documental de Aparicio y Fraguela está en retratar esto: cómo, dentro del proceso, un grupo de amigos se desestructura y unos triunfan y otros son echados a un lado. 

¿Dónde queda lo humano? 

¿Quién le puso pausa a todo y dijo: “Espérate, no, a Porcel no se le puede hacer esto”? 

A lo mejor alguien lo hizo. Pero no lo sabremos. No queda claro. 

La historia la cuentan los vencedores. Los que se ponen del lado de los vencidos seguro que tienen un futuro igual de jodido. 

Un amigo mío, poeta, cayó, tropezó. O mejor dicho: le pusieron una trampa, lo jodieron, lo juzgaron como si hubiera hecho algo malo cuando en realidad no era así. 

El tipo era un artista. Finito. 

Y un sinnúmero de entrevistas en Sueños al pairo cae de nuevo en eso de que Mike Porcel era un tipo raro, Mike Porcel no era extrovertido. 

¿Entonces qué? ¿Hay que acabar con los introvertidos? 

Parece que sí. No sé. 

Creo que en lo que más falla el documental es que nadie, de los entrevistados, de los “grandes nombres de la cultura cubana”, mira a cámara y dice: yo lo jodí, yo soy en parte culpable. 

La mayoría de la gente se va por las ramas, no quieren contar lo que realmente pasó. O simplemente están mal escogidos en el casting y no son los apropiados, no tienen la potestad para hablar. 

Incluso hay alguno que tiene una cara de culpable terrible. 

Lo más triste de todo es que, después de más de treinta años, no solo se censure, sino que este pobre hombre llamado Mike Porcel, con un montón de buenas canciones, aún hoy, en la Isla, no tiene a nadie entre sus viejos amigos que ponga la mano en el fuego por él. 

Le jodieron la vida. O se la trataron de joder. No lo conozco personalmente y no sé cómo tenga la cabeza. Pero creo que, en un momento, parece ser que encontró refugio en esa iglesia, con nuevos amigos, apartado. Alejado de las tribunas y las banderitas. 

“Aparentemente aplastado”, diría uno ahí. 

Pero no sé. 

¿Y si los aplastados son otros? 

Tanto con Santa y Andrés, como con la escritura de esta última oración, me pregunto: 

Carlos Díaz Lechuga, ¿para qué repinga te haces el guapo ahora, si solo hablas del pasado? ¿Dónde estás tú para los Mike Porcel de ahora mismo? ¿Cómo los defiendes? 

Me pregunto: Cuando tenga 65, ¿seré un Amaury Pérez más? 

No sé. Es complejo. 

Hay muchos oportunistas y hay mucho miedo. 

Yo trato de ser sincero en todo, y en cada texto me desnudo, por eso sé que esta columna me va a traer un montón de problemas. 

A lo mejor hasta el mismo Mike Porcel dirá: ¿De qué habla? 

El documental de Aparicio y Fraguela te pone a pensar en estas cosas, y en más. 

¿Nos quedamos con los mejores artistas que este país pudo dar? ¿O los mejores están afuera? 

¿Cuántos hombres tienen que sufrir, y hasta cuándo, por una idea, por un ideal? 

Acabé con los ojos aguados viendo Sueños al pairo. 

Con un amargo sabor de boca. 

¿Dónde están los amigos cuando hacen falta? 

Cuando hace falta una mano que calme, alguien que apoye, que mire al abusador y lo enfrente. 

Es difícil. 

Es más fácil mirar al que dice: Fulano era raro, caminaba así, no escribía bien, no era una canción macha… 

Y autoengañarse. Y poner la cabeza en la almohada tranquilo. Por un poco de gasolina, por un programa de TV, por una canción pegada al mediodía. 

Es conveniente callar. 

Mirar para otro lado. 

Inventarse una excusa para poder seguir. 

Total, vida hay una sola, y el muerto no lo quiere poner nadie. 

No se pierdan este documental. 

Hay que verlo. 

Varias veces. 

Para no engañarnos más. 

Para estar claros. 

Venga lo que venga. 

Sea como sea. 

Las imágenes finales, con el bárbaro mirando a cámara, mirándonos, cantando, son estremecedoras.

 

ANONIMO

Ver las imágenes de las turbas en "Sueños al pairo" resucitó el horror. Fui testigo de esos actos de repudio, que ocurrieron a comienzos de mi carrera universitaria. Y aunque algunos lo hayan afirmado, quizás para paliar sus propias culpas, no es cierto que todos participaran en esos "pogroms". Jamás me uní a ninguno de esos grupos de terrorismo civil, aunque la presión sobre los estudiantes era insoportable. Muchos fueron. Yo no. En la primera novela que escribí apenas llegué a Miami reflejé mis impresiones de aquel espantoso año de 1980. Cuarenta años después, un documental ha vuelto a provocarme pesadillas. Y ahora me doy cuenta de que nunca me he librado de aquella experiencia. El horror sigue vivo, igual que el primer día. El rostro de aquella chica que estudiaba Lengua Alemana, cuyo nombre ni siquiera recuerdo, continúa indeleble en mi memoria con la persistencia del virus más atroz.

 

EURYDICE LOSADA

A colación de “Sueños al pairo”.                                                              

 Hace aproximadamente unas semanas nos encontramos recurrentemente con citas y referencias a diferentes reacciones sobre el documental “Sueños al Pairo” dirigido a la obra del compositor Mikel Porcel y realizado por José Luis Aparicio y Fernando Frágüela, cuyo objetivo central era, -felizmente-,  hacer “el” reconocimiento que no se le había hecho y que indudablemente se había ganado, así también, –de paso- reclamar el espacio que su obra se merece dentro de la memoria cultural cubana e  hispana. 

No obstante lo que atrajo mi interés fue que el objeto de las discusiones no se  dirigía hacia Mike y su obra, sino a los entrevistados y sus criterios actuales. 

Personalmente siento que a veces se puede eludir el verter un criterio; porque los criterios tienen que respaldarse con posturas definidas –de otra manera, de que serviría la crítica?...-; y era esa postura de no compromiso o de sencilla indiferencia, la que me permitía mantenerme alejada, hasta ahora, –aunque si- observadora de todo el “revuelo” que ha causado, repito, NO  el documental de Mike y la presencia de su obra creativa;  sino las reacciones desatadas en torno a los que se han manifestado a favor o en contra- de los entrevistados en el documental. 

Es sintomático que no se cuestiona el espacio que tiene y se ha ganado la obra de Mike como parte del patrimonio cultural musical cubano y  que trasciende como parte de la cultura hispana (ello es una verdad  –con documental o sin él),  pero,  la realidad de lo que se disputa no es sobre obra, ni sobre su postura de “libre pensador” -que salta en su obra-, o, su posible participación –de por mas inevitable-  con el gobierno, o dicho patrióticamente, con “la revolución”.  Increíblemente NADA de ello es parte del tema en disputa, lo que ha saltado “sobre el tapete”  ha sido la postura que asumieron los entrevistados y determinados artistas en el momento en que se sucedía el tristemente célebre evento del Mariel. 

Dentro de mi siento que hubo una postura –quiero pensar inconsciente- que cometió la mayoría de los entrevistados y  fue -a más de cuarenta años del Mariel-, querer justificar –con juicios y criterios tibios - el compromiso asumido como artistas dentro del “sistema”, así como, –tibiamente también- (unos  más que otros)  exponer de manera tristemente apologética la postura y relación de amistad que manifestaban al autor en ese periodo preciso; realidad que NO pidió el documentalista y mucho menos exigió o sugirió Mike cuando relata lo sucedido desde su propia perspectiva y experiencia. 

Una vez que me decidí a escribir, desde mi postura de artista, músico, parte de esa misma  generación y  portadora orgullosa de la cultura cubana,  empecé a tratar de definir el conjunto de preguntas y respuestas que me surgían al escuchar, ver y leer las diversas reacciones y declaraciones vertidas.                            

Entre las preguntas que venían a mi mente había una que me detenía, más de una vez y a la cual, evidentemente, me negaba a darle una respuesta fácil: “Por qué el documental ha provocado reacciones tan personalmente viscerales?” 

“Por qué?”  “Es… por que aparecen escenas del Mariel…y de los actos de repudio…?   No, no puede ser, el Mariel es historia y como hecho tiene mucha información  visual y escrita en google. 

“Por qué entonces esa necesidad de los entrevistados –y los comentadores posteriores-  de justificar –o atacar- su presencia y postura ética en los hechos?”, o…  es que como mudos testigos culpables no se quiso reconocer –hasta ahora-  que no supimos respaldar en un momento crucial a un amigo -o sencillo compañero de trabajo-. 

Y no, no estoy fuera de ese grupo, aun cuando  -para sentir más dulce mi vergüenza-, no participe en ninguno de los actos de repudio porque dije abiertamente y desde el principio, que era algo deshonroso; no obstante cuando fui a su apartamento en Miramar (no a la casa de sus padres), para intentar comprobar si era cierto que se quería ir, me avisaron –sus mismos vecinos- que: “me fuera que había que dar los nombres de los que hasta allí fueran”…, y ahí mismo murió mi sentimiento de respaldo a mi amigo. 

Oh Dios! nuestra sociedad ha sido tan dividida, tan fragmentada,  su desintegración como sociedad y como nación fue  tan extremadamente bien diseñada (DIVIDE Y VENCERAS) que a más de 60 años de la miseria y de la culpa espiritual en que nos envolvimos, aún, en este periodo de la vida nos sobrevienen  conflictos que nos duelen y avergüenzan dentro. 

Los valores cívicos, -que habíamos heredado de los verdaderos próceres de la patria-, nuestros principios de lealtad, nuestros sentimientos de  apoyo y respaldo al que lo necesitaba, se sustituyeron “con la revolución todo, contra la revolución nada” 

“En que nos convertimos?  ¿Qué somos?”  Sí, porque levantamos la mano sabiendo que no era nuestra voluntad, porque callamos ante injusticias, porque asentimos masivamente –aun- cuando sabíamos que mentían,  porque los nuevos términos: “tronado”, “cayó en desgracia”, “conflictivo”, “problemático”, “con vestigios pequeños burgueses”…etc.etc.etc.,  se convirtieron en “guía de comportamiento para nuestros iguales y determinar a quién y cómo nos acercábamos o no”. 

Al final fuimos perdiendo el orgullo de pertenencia integral a una nación y lo sustituimos por el de “Patria” y “Revolución”  sin pararnos a detenerlo. 

A que grupo pertenecemos?   ¿Con cuál programa nos sentimos comprometidos? ¿Qué motivo nos puede mover a integrarnos sinceramente a un programa de cambio y ser consecuentes con esa postura?  ¿Que nos define?, si en esos años solo aprendimos –y enseñamos a las nuevas generaciones- a sobrevivir, a controlar los criterios, a no formular preguntas “comprometidas”, a comportarnos de la manera que se esperaba, a cometer delitos callados (porque había que “resolver” las necesidades elementales de la familia),   y  aunque nos duela eso fue lo que entregamos como generación después que vimos calladamente como  los patrones y valores heredados se diluían porque –como grupo y generación- no quisimos pagar las consecuencias. 

Somos (SOY) parte de la generación que en los inicios se creyó realmente los “cantos de sirena”, pero que también vio calladamente cómo se levantaba un sistema férreo de represión, violencia  y miedo, de fusilamientos, de encierros sin juicios justos, de  intelectuales -a los que se les perdonaba el castigo-  si públicamente se desdecían, y entonces el temor se apodero de nuestra voluntad y un día nos dimos cuenta que realmente teníamos una “doble moral”. 

Y entonces levantamos la mano una y otra vez, y fuimos a manifestaciones una y otra vez, y callamos y asentimos,… y callamos y asentimos,… y callamos y asentimos,…  y hoy no queremos aceptar el dolor en lo que nos convertimos como seres humanos y como sociedad y resulta una burla querer curarlo –o tratar de sentirnos mejor- con apologías y exculpaciones tan vacías como inefectivas. 

Fuimos usados, SI,… fuimos manipulados, SI,…  aprendimos a vivir con miedo, SI,… aprendimos a ser nuestros propios policías, SI,  SI,  SI,…  y el día que nos dimos cuenta optamos por no reaccionar. 

Creo sinceramente que “Sueños al pairo” SIN PROPONERSELO se convirtió en un espejo donde no habíamos tenido tiempo de mirarnos. Fue como si una generación –que representan los creadores del documental- quisiera preguntarnos –a los que sostuvimos ese sistema y participamos de alguna manera en el evento del Mariel,-  que hicimos antes y que no hicimos después. 

De todos modos… lo mejor y que perdurará, es que el documental ha sido un reconocimiento merecido a la obra de Mike que nuestra generación le debía, tanto a la a que hizo “estando allá” como a la que ha hecho “estando aquí”, y que puedo asegurar tiene obras que pueden sorprendernos grandemente, porque Mike es un músico, creador y compositor de innegable alto vuelo que no ha dejado de superarse y re-inventarse una y otra vez.   

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